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Proyectos y Estado

De nuevo se enfrentan oficialismo y oposición por temas urbanos que deberían tener otro tratamiento

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez *

00:20 / 11 de abril de 2017

Estamos enfrascados en un debate de intereses nada inocentes. El Gobierno central decidió construir un campo ferial para El Alto y logró, rápidamente, un enorme lote cerca de la Ceja alteña. El gobierno departamental y grupos varios decidieron entrar en acción para impedir ese traspaso. Nuevamente se enfrentan oficialismo y oposición por temas urbanos que deberían tener otro tratamiento.

Por enésima vez se politiza el destino de las ciudades, y con ello se desnudan profundos problemas estructurales de nuestra sociedad. Para explicarlos, permítanme entrar al debate sobre ese lote con una consideración lejana al manoseo político.

Para implantar un equipamiento de la magnitud de un campo ferial, una sociedad contemporánea planifica y emprende estudios pormenorizados antes de proyectar y ejecutar las obras. Uno de ellos es el estudio de localización y su impacto en la ciudad. No se necesita mucho tecnicismo para suponer que construir semejante edificio en un lugar tan conflictivo y embotellado como el de ese lote, reitero muy próximo a la Ceja, es un tremendo error. Es como si nuestro campo ferial Chuquiago Marka lo hubieran edificado en El Prado. ¿Se imaginan el zafarrancho de autos y gente que se amontonarían en el atiborrado paseo paceño? Menos mal que el campo ferial de La Paz se construyó en una zona alejada como Següencoma, ergo: descentralizaron su impacto.

Y estos desatinos ocurren cuando la apetencia política, tan perentoria e impulsiva, se hace cargo de la ciudad y desata la verborrea de uno u otro bando, mientras la ciudadanía de a pie asiste de palco a esas trifulcas centenarias. ¿Qué demuestra esta historia que se repite década tras década? Dos problemas estructurales: la falta de coordinación entre los gobiernos central, departamental y local y la ausencia de planificación urbana, metropolitana y nacional a largo plazo. Ambos problemas, que fueron paridos y criados por las diversas fuerzas políticas de turno, los sufrimos a lo largo de nuestra historia urbana. Por todo ello, salta una pregunta: ¿somos un Estado fallido?

Uno de los objetivos de la Revolución del 52 y de este proceso de cambio era construir un Estado de verdad y fundar una institucionalidad que nos libere del atraso y la dependencia, y nos proyecte hacia un futuro con sostenibilidad. Un objetivo revolucionario que, sin duda, es mucho mayor a un “obrismo” coyuntural. Creo que, por este pleito ferial y otros más, estamos muy lejos de lograrlo.

Entrado el siglo XXI, en un planeta globalizado, a la hora de ejecutar acciones o generar pensamientos seguimos siendo políticos criollos anclados en la Colonia. Somos cortoplacistas y monotemáticos.

* es arquitecto.

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