Columnistas

La herencia del Museo Nacional de Arte

La cultura es un dato fundamental de la percepción humana en relación a sí misma, a los otros...

La Razón Digital / Cergio Prudencio / La Paz

00:29 / 21 de agosto de 2016

En el acto de reapertura del Museo Nacional de Arte realizado hace pocos días compartí con los asistentes las siguientes reflexiones.

La cultura es el conjunto de manifestaciones a través de las cuales los seres humanos representan sus formas de relacionarse con sus semejantes, con la naturaleza y con el universo. Es un referente plural y dinámico de las sociedades. Plural, por la diversidad de concurrencias en un mismo tiempo histórico, y por las diferencias secuenciales en la línea del tiempo. Dinámico, por las fluctuaciones constantes en la cotidianidad, y por los intercambios establecidos entre grupos sociales, sobre todo en el mundo global de estos días.

La cultura es un dato fundamental de la percepción humana en relación a sí misma, a los otros, a su entorno ambiental y cósmico. Porque es en el ecosistema habitado, y en las herencias acumuladas de generación en generación, donde cada orden cultural define sus paradigmas de autorepresentación; vale decir, de su identidad.

 No todo rastro o vestigio pasado constituye a priori un patrimonio. La cualidad patrimonial queda definida solo en tanto y cuanto la herencia se efectúe con participación de dos voluntades soberanas: la de quien entrega y la de quien recibe. Patrimonio implica aceptación, reconocimiento, identificación y compromiso de al menos dos orillas generacionales alrededor de un factor de sucesión. Sin ello, podrá existir ese factor, pero su cualidad patrimonial estará fijada solo en las complejidades del proceso hereditario.

La casa que hoy nos congrega en este acto (el Museo Nacional de Arte) es por sí misma un símbolo cultural de la nación. Este espacio es una evidencia de la fuerte dicotomía histórica que moviliza nuestra pluralidad, ya por siglos. Desde el hecho arquitectónico como constatación de implantaciones culturales hegemónicas, pero también como certeza de lo indígena en resistencia inclaudicable. Desde el patrimonio resguardado, cuyo significado revela de muchas maneras la dialéctica de oposiciones y conciliaciones, hasta el arte contemporáneo emergente. Desde el asombro hasta la negación. Desde la injusticia hasta la enmienda. Desde los apus hasta la Virgen María. Todo hace presencia en este lugar y en esta noche de luna propicia, para estimular los cuestionamientos por hacer y las respuestas por dar, en correspondencia con una sociedad cada vez más demandante y propositiva.

El Museo Nacional de Arte nos propone un legado que abarca todas las texturas sociales. Al recibirlo, conferimos jerarquía patrimonial a este espacio-tiempo donde hoy nos vemos reflejados, tanto en la confrontación como en el acuerdo, en la exclusión como en la complementariedad, en las asimetrías como en las compensaciones, en la colonialidad como en la descolonización.

Aquí estamos, prestos a escuchar al patrimonio, a desentrañar sus arcanos, a celebrar la herencia, sobre todo para crear nuevas expresiones desde ella, mirándonos a los ojos, los unos y los otros, al amparo de la amplia tierra que nos trajo y que espera por nosotros. Que sea en buena hora. 

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