Columnistas

Pueblo de paz fundaron

La ciudad fraternal abierta a quien llega a sus puertas y penetra en el maravilloso universo

La Razón (Edición Impresa) / Julio Ríos Calderón

00:49 / 28 de octubre de 2015

Se imaginó, en algún instante, el capitán Alonso de Mendoza, cuando un 20 de octubre de 1548 fundó la ciudad de La Paz, que ésta sería declarada en 2014 “Ciudad maravillosa”? ¿Se imaginó el capitán que después de la circunstancia en la localidad de Laja como parte del Corregimiento de La Paz y para servir como punto de descanso para los viajeros que transitaban entre Potosí y Cusco, se convertiría después de 467 años en un encanto cosmopolita?

¿Qué ve ahora el capitán desde ese alto monumento en la plaza que lleva el mismo nombre? De acuerdo con los registros históricos, la ciudad de La Paz fue fundada luego de la sangrienta guerra civil que ponía en duda las determinaciones del lejano rey español sobre el reparto de las encomiendas.

Laja fue el primer escenario donde Alonso de Mendoza se detuvo y redactó una primera acta de fundación de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, por encargo de Pedro de la Gasca, quien quería proteger el comercio que había entre las ciudades de Arequipa, Cusco, La Plata y Potosí, para lo que se necesitaba una ciudad que sirviera de puente.

Con el motivo de la fundación se reunieron en la iglesia de Laja, junto a Alonso de Mendoza, un grupo de conquistadores, entre ellos se hallaban Juan de Vargas, Diego Alemán, Juan de Rivas, Alonso de Zayas, Francisco de Cámara y otros.

Alonso de Mendoza participó de la redacción del acta de fundación, como Justicia Mayor de la ciudad, que tres días después fue trasladada más al este, a un lugar de clima templado, ubicado al borde del altiplano, donde se inician las quebradas y el valle, llamado Chuquiago Marka (en aymara, Chuqiyapu) que significa “chacra de papas o de oro” debido, por un lado, a su clima benigno y a las abundantes cosechas de papas y cereales que se obtenían y, por el otro, al oro que el río arrastraba desde las laderas altas.

El emperador Carlos V envió a la ciudad en 1555 un escudo de armas con la leyenda: “Los discordes en concordia en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron para perpetua memoria”, en referencia a la paz entre Almagro y Pizarro. En 1609 se estableció el Obispado. En 1781, el caudillo indio Julián Apaza, que había adoptado el nombre de Túpac Katari, sitió con su ejército la ciudad durante 109 días y ésta fue defendida por don Sebastián Segurola y liberada por el comandante Ignacio Flores. Estamos finalizando 2015. ¿Qué ve ahora Alonso de Mendoza?

Desde su monumento, la ciudad de La Paz se extiende como un aguayo infinito y multicolor, abierto a la esperanza hecha canción, bajo el cielo de un azul inmaculado que despista al invierno y abre sonrisas en la multitud caminante por sus calles llenas de alegrías y tristezas; inspiración de poetas que desmigajaron sus ideas para cantarle con sentimiento estrofas arrancadas de la preciosidad de un entorno, que la encierra entre cumbres elevadas, escoltas del excelso Illimani.

La vista fija en sus tres picos elevados al cielo como virtudes teologales en oración, hacen del grandioso nevado la eterna postal de bienvenida al visitante. Un moderno teleférico le ha dado vida y otro modo de transporte. La Paz, ciudad de todos. La ciudad fraternal abierta a quien llega a sus puertas y penetra en el maravilloso universo de cotidiana existencia.

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