Columnistas

El fin del poder

El objetivo del festival es abrir un diálogo intercultural sobre el rol de la mujer en el planeta

La Razón / Moisés Naím

00:00 / 05 de agosto de 2012

Mi viaje a la ciudad de Sucre, el 23 de julio, coincidió con la inauguración del Octavo Festival Internacional del Cine de los Derechos Humanos que, en esta versión, se realiza bajo el lema “Mujer, Madre, Naturaleza”. El festival está dirigido por Humberto Mansilla, un gran gestor cultural que ha hecho de la capital boliviana la sede de uno de los más importantes eventos cinematográficos latinoamericanos.

El evento, organizado por el Centro de gestión cultural Pukañawi (palabra quechua que en español quiere decir Ojo rojo), cuenta con el apoyo de importantes instituciones internacionales, que tienen que ver con la defensa, promoción y protección de los derechos humanos, así como de instituciones públicas y privadas nacionales, departamentales y municipales. La noche de la inauguración me encontré, entre otros, con buenos amigos como Eduardo López, Liliana de la Quintana, Alejandro Fuentes y Raquel Montenegro, todo ellos muy reconocidos en el mundo de la imagen en movimiento.

El objetivo del festival es abrir un diálogo intercultural sobre un tema que está muy vigente en nuestro mundo globalizado, siempre amenazado por la violación de nuestros derechos humanos, y como tal, forma parte de una red de festivales que aglutina a 23 países de todo el mundo. Esta red, además de la exhibición de las películas, promueve plataformas de discusión y proyectos conjuntos sobre este tema.

La noche de la inauguración, después de los discursos de rigor y de presentar a un jurado integrado por cineastas de varios países, se presentó el documental Beatriz junto al pueblo, del boliviano Sergio Estrada, un homenaje a Beatriz Palacios, esa extraordinaria mujer que se convirtió en el alma de la productora Ukamau que dirige nuestro entrañable Jorge Sanjinés.

Durante un poco más de una hora, pudimos apreciar los testimonios de gente, tanto del cine como de la política, que hablaban sobre la capacidad, el amor, la fuerza, la ideología, la pasión y la creatividad que impulsaban a Beatriz, fallecida en 2003, que la confirman como una de las más importantes productoras, realizadoras y promotoras del nuevo cine latinoamericano. Entre ellos destaco los testimonios de los jóvenes que Beatriz privilegiaba en los talleres del Grupo Ukamau, segura de que en ellos está el futuro del cine boliviano. No pude menos que conmoverme y extrañarla ante tanto reconocimiento y cariño.

El festival se desarrolló en cuatro salas, entre el 23 y el 29 de julio, y tuvo a México como país invitado. Los mexicanos, además de sus películas, trajeron una maravillosa muestra de fotografías de la incomparable Tina Modoti, denominada Poética y espejo del ser. Modoti, italiana de nacimiento, hizo de México no solamente su país sino el lugar desde donde luchar por un mundo mejor, y fue amiga y compañera de artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. En dicha exposición se destacan las fotografías que Tina tomó de las mujeres mexicanas, campesinas, indígenas, obreras e intelectuales. ¡Una maravilla!

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