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‘Q’epichones’

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 14 de diciembre de 2014

Es un camino largo el que debemos recorrer actualmente en esto de visibilizar, apoyar y posicionar a las mujeres dentro de los espacios que nos correspondían desde siempre, porque la humanidad no nació con patriarcado ni con machismo ni con racismo o explotación de unos hombres a otros,  todo eso fue construido.

Las mujeres poco a poco fueron expulsadas de aquel espacio que de hecho y en origen las mujeres tenían en sus comunidades, en sus culturas. Fue un espacio arrebatado, negado por la mayoría de los hombres y algunas mujeres cómplices. En permanentes luchas, las mujeres fueron excluidas, boicoteadas y reprimidas incluso hasta la muerte, toda vez que ellas se rebelaron. Fue un devenir de un permanente y verdadero genocidio de mujeres, que hoy se conoce con el nombre de feminicidio; o sea, la tortura y muerte de mujeres por ser mujeres.

Sin duda, en albores de la humanidad las mujeres ocuparon un sitio a la par que los hombres, pero con el transcurrir del tiempo, gracias a la función mágica de la gestación y el alumbramiento de wawitas, las mujeres se destacaron y se convirtieron en muy importantes para la sociedad. Creo que es necesario precisar que en aquella época eso de crear vida era mágico. Mirar, asombradas y asombrados, que los cuerpos de las mujeres eran los únicos con la capacidad de sacar wawas de entre las piernas era ¡genial! Una maravilla, la maravilla de la creación de la vida de la humanidad, tarea compartida con todas las hembras de la naturaleza. Sin duda, esto causó envidia y miedo entre algunos varones. Las mujeres hembras sacaban vida de la vida, de sí mismas; y naturalmente esto las posicionó en un sitio de prominencia para la humanidad.

Hoy, en este proceso de cambios revolucionarios y fundamentales en nuestro país, las mujeres, en los distintos territorios, no solo están participando, como siempre participaron aunque no las tomaron en cuenta, sino que además quieren decidir a la par que nuestros hermanos hombres. En los espacios de decisión política las mujeres han demostrado su capacidad, en la gestión, en la lucha contra la corrupción, en el control social.

Sin duda, falta darle fuerza a las propuestas desde nuestros cuerpos de mujeres, darle sentido de mujer a ese Vivir Bien del que hablamos. Hoy es el tiempo de candidatas que reciban mandato de las organizaciones a quienes están ligadas, y que tienen que apoyarlas para que el acoso y la violencia política hacia las mujeres no tengan efecto, y para que así podamos erradicar ese tipo de violencia hacia nuestras autoridades femeninas.

Nos parece bastante q’epichon el hecho de que haya tan pocas mujeres candidatas en el proceso de cambio, ¿por qué los hombres se q’epichan tanto los cargos? Dejen gobernar a las mujeres, no solo es nuestro derecho, es fundamental nuestra participación en las decisiones políticas, para el proceso de cambio, ¡hermanas mujeres, no se dejen, peléenla!

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