Columnistas

Ranas hervidas e indignación

El origen de las protestas en Brasil no es, como algunos afirman, ‘la derecha’, es la indignación

La Razón / José Rafael Vilar

01:47 / 25 de junio de 2013

Si ponemos una rana en agua a temperatura ambiente y no la asustamos, se queda tranquila. Si la temperatura sube levemente, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. Cuando la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida, y finalmente no podrá salir de la olla. Aunque nada se lo impide, la rana se queda allí y se cocina. Pero si se la echa de golpe en el agua hirviendo, ¡salta y escapa!”.

Esta adaptación mía de la muy socorrida metáfora de la rana hervida me ayuda a explicar por qué en Brasil el aumento de 0,20 reales (menos de $us 0,09) en pasajes de autobuses y metros desencadenó protestas tan masivas como no se veían desde el final del periodo de gobiernos militares en los 80 (“Las Diretas Já!”); y que recuerdan a las protestas argentinas durante la crisis de 2001 y 2002. Las novedades para Brasil de estas protestas son su magnitud, la paralización simultánea de las grandes ciudades y el mensaje decididamente contestatario.

¿Cómo 24 reales (poco más de $us 10, considerando cuatro viajes por día durante todo el mes) pueden provocar tanta crisis en la sexta economía del mundo, con un PIB per cápita de $us 12.594 en 2011? Porque las cifras “del Primer Mundo” en Brasil (¿recuerdan a Menem y Argentina en los 90?) se combinan con datos fuertes de pobreza (a pesar de que en la última década se rebajó 54% de extrema pobreza y 44% de moderada, ésta aún afecta al 20% de la población), bajísimo crecimiento (0,9% en 2012 y 2,49% previsto para 2013), inflación (6,5% en 2011; 5,8% en 2012; 6,67% pronosticado para 2013, pero ya este semestre la canasta básica subió un 13%), proteccionismo, que hace cada vez menos competitivo a Brasil (la industria decreció un 0,3% en 2012) y, además, una corrupción mayúscula de la mayoría del espectro político, pero significativa en el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula y Rousseff. El PT profundizó (con más recursos porque crecía la economía) la política socioeconómica de Fernando Cardoso, pero la búsqueda lulista de liderazgo fuera de Latinoamérica (BRICS, Irán, África) y con muy buena propaganda (¿qué ha sido del boom del Presal?) para contraponerse a la imagen de Hugo Chávez a través del “milagro” brasilero lo afectó.  El modelo brasileño se ha convertido en asistencialismo sin desarrollo y con inflación y está reempobreciendo a la clase media (que creció de 38% en 2002 a 53% en 2012: 104 millones, y es motor de las protestas).

A los reclamos iniciales, se adicionaron la lucha contra la corrupción, los excesos de gastos “mundialistas”, la ineficiencia del Estado (salud, educación, transporte, infraestructura), la inseguridad y el derecho a influir en las decisiones de otros gobiernos. ¿Por qué gastar tantos miles de millones (presuntamente inflados) en tres eventos mundiales? Sólo para la Copa Confederaciones y el Mundial 2014 se presupuestó 23 mil millones de reales (casi $us 11 mil millones) pero ya se han gastado más de $us 13 mil millones. “Da Copa, da Copa, da Copa eu abro mão / Eu quero é dinheiro pra saúde e educação”. La presidenta Rousseff ha llamado a un diálogo nacional, porque no es, como algunos afirman, “la derecha”; es la indignación.

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