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Reciclaje

En un simple recorrido vemos y olemos el espanto medioambiental que causamos todos

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:02 / 28 de octubre de 2014

Perdida entre aburridas e interminables notas sobre candidaturas, cómputos electorales y obtusos análisis políticos (¡qué sociedad monotemática!) pasa una noticia realmente feliz para La Paz: comenzamos a reciclar desechos como una ciudad civilizada. Funciona una planta separadora de residuos sólidos en Alpacoma para la fabricación de Plastimadera en Sopocachi Alto; una pequeña instalación que puede procesar toneladas de botellas pet y bolsas plásticas (una plaga sin fin) para construir todo tipo de mobiliario reciclado y reutilizable. Qué notición para esta ciudad que tiene tantos motivos para amargarnos.

De acuerdo con  los planes municipales, este emprendimiento seguirá creciendo con el procesamiento de desechos orgánicos para compost y el reciclado de aparatos electrónicos, entre otros planes que apuntan a mejorar las condiciones medioambientales de esta ciudad. Una maravilla. También se suman a esta brillante iniciativa emprendimientos privados y estatales. Por ejemplo, hay una fábrica de papel en El Alto que hace una década recicla papel y cartón para producir papel bond. Asimismo, existen empresas que recolectan y seleccionan chatarra metálica y electrónica para su exportación; un gran negocio, pero también una ayuda encomiable al medioambiente. Por su parte, el Gobierno central anunció, hace poco, la construcción de una gran planta fundidora de chatarra en el parque industrial de Kallutaca, que consumirá parte de esa recolección para fabricar todo tipo de perfiles y planchas metálicas.

Buenas noticias para nuestras ciudades, pero falta mucho por hacer. En un simple recorrido por cualquier zona vemos y olemos el espanto medioambiental que causamos todos. Sin embargo, estamos a tiempo para salvar la Pachamama si obramos con sensatez e integración entre el Gobierno central y los municipios. En primer lugar, debemos crear conciencia e invertir enormemente en educación ciudadana. Segundo, nuestras ciudades pueden ser “centros modelo de manejo sustentable”, con múltiples plantas de recuperación y compostaje, tratamiento de aguas, entre otras acciones. Es posible, y si no creen en lo que escribo, léanlo en mis arrugas: hay plata y puede ser sabiamente invertida en las ciudades.

Recordemos que ahora la basura es veneno: un refrigerador desechado destroza la capa de ozono, una batería de celular puede contaminar 50.000 litros, y peor daño causan una pantalla de televisor o de computadora. Son bombas tóxicas que, en cantidad nada despreciable, pueden sumarse a las aguas no tratadas de los ríos-alcantarilla de nuestra ciudad, aguas que hace décadas riegan nuestras hortalizas que vuelven a nuestras mesas transformándonos en cuasi coprófagos. Huácala.

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