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Reconfirmación

En los últimos años el centro de la ciudad se ha convertido en una especie de cautiverio para La Paz

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:00 / 26 de diciembre de 2013

Desde hace algún tiempo abordamos aspectos referidos a la ciudad en los nuevos tiempos. Y si bien el omnipotente presente muestra hoy una especie de ensoñación sobre el progreso, es evidente que ese desarrollo acelerado de los últimos años no ha estado exento de cualidades, pero esencialmente de problemas. Todos a causa del crecimiento desmedido de las urbes y sus consecuencias en la vida citadina actual.

Tema importante pero también de cuidado, ya que la búsqueda del cambio del “todo” (que se está imponiendo en ciertas ciudades) podría convertir al habitante en un número más, pues perdería definitivamente todo sentido de pertenencia. Cuando las ansias de transformación son extremas, llegan a agredir la conformación urbana y a repercutir en la cotidianidad de los habitantes.

La Paz podría ser definida como territorio de identidad, donde la población mantiene su carácter de protagonista en el disfrute de la práctica de costumbres particulares. Y si bien éstas se muestran muchas veces como excesivas, también son capaces de comunicar que el ciudadano no solo es un “ocupante” de esta urbe, sino que es capaz de dialogar con ella. Tampoco ha olvidado el lenguaje que expresa su territorio, el cual aprendió desde niño. Mensajes y anhelos que a fin de cuentas logran sorprender aun a quienes la habitamos, incluidos los que solo se escuchan a sí mismos y no así a su ciudad.

A pesar de ello, pensar a La Paz dentro de nuevas visiones es necesario e indiscutible; una tarea irrefutable del presente. Esto no solo porque caminamos en un nuevo siglo, sino especialmente porque la realidad actual de esta ciudad denota que requiere de transformaciones, algunas muy singulares.

En julio de 2012, en el artículo La Paz, ciudad con identidad centrada, y en una reunión sobre el futuro de la ciudad de La Paz organizada por la municipalidad paceña, propusimos la liberación de la centralidad de La Paz, es decir, la necesidad de su descentralización. Todo ello con el fin de solucionar problemas que también ya fueron abordados en esta columna, como los ruidos urbanos o la ciudad congestionada, entre otros, que muestran la realidad caótica actual del centro paceño y sus consecuencias en la vida de la población.

Con los años, el centro ha ido creciendo desordenadamente, ya que ha buscado de alguna manera una vinculación funcional centrípeta. El valor de su territorio, la fortaleza de la historia y la arquitectura de ciertas obras en ese sector de la urbe, entre otros, forman parte de la identidad de La Paz. Respetando todo aquello, no por nostalgia sino por su valor indiscutible, la reorganización urbana en el marco de la descentralización logrará cambios trascendentales, que cada vez son más requeridos por esta ciudad. Una tarea, de cualquier manera, seria y complicada.

Existen ciudades que han decidido estar conformadas por varias comunidades interconectadas. Cada centro es una especie de distrito comercial, empero, ninguno funciona como centro urbano. Una singularidad que finalmente ha colaborado en que el todo se constituya en un complejo metropolitano.

En el caso de La Paz, si bien el centro urbano forma parte indiscutible de su historia, no se puede negar que en los últimos años aquél se ha convertido en una especie de cautiverio para esta ciudad.

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