Columnistas

Recuento de daños

La marcha engendró un activismo urbano inédito, alimentado en gran medida por las redes sociales

La Razón / Rubén D. Atahuichi / La Paz

02:31 / 06 de diciembre de 2011

Qué pudo ser la noticia del año? Lo bueno, lo malo, lo feo… A estas alturas del año amerita un balance, y éste siempre va de la mano de los periodistas, los medios de información y sus públicos. Claro, los políticos harán su parte, y los analistas especularán sobre lo mismo estos días. Sin duda.

Azúcar, elecciones, TIPNIS… Sólo para citar algunos de los asuntos –en mi criterio— de relevancia. Así, apuesto que al final, los resultados señalarán que los protagonistas fueron los indígenas y el hecho más importante, la marcha en defensa del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), que tanta tinta (y de la recargada) requirieron por 65 días y más.

Sin duda, la movilización ha tenido un impacto político y social incluso mayor al que siguió al frustrado “gasolinazo” de diciembre de 2010. Y en esto tuvieron mucho que ver algunos medios de información que, como nunca, se convirtieron en defensores de la causa indígena.

Pero el tema no es ése. Ese hecho político ha derivado, quizás, en el recuento de daños más sufrido por Evo Morales, su gobierno y el Movimiento Al Socialismo (MAS). No solamente por el impacto de la represión violenta a los marchistas del 25 de septiembre, sino por la implicación en el conflicto de una administración cuyo discurso fue precisamente la inclusión indígena.

Si bien la marcha ha engendrado un activismo urbano inédito, alimentado en gran medida por las redes sociales, también se convirtió en un catalizador político excepcional para sectores de clase media que encontraron en ella su mejor argumento para expresar descontento u oposición ante el Gobierno.

Con eso, el desacuerdo aparentó de gran magnitud, capaz —a decir del mismo líder indígena Fernando Vargas o del mallku originario Rafael Quispe— de firmar el inicio del fin de Morales y su entorno. Sin embargo, sólo fue una llamada de atención, que de ignorarse, eso sí, puede tener un efecto político mayor en desmedro del MAS, insuficiente para causarle el final. Es decir, el conflicto ha removido la burbuja gubernamental y ha obligado una cumbre social (yo digo un salvavidas), citada para la siguiente semana en Cochabamba, que, al influjo de los movimientos sociales afines al MAS, buscará reencauzar un proceso político muy cuestionado y venido a menos.

Aunque se diga que será un “ampliado del MAS” (Samuel Doria Medina, Animal Político: 04-12-11), la reunión otorgará un mandato político de parte de organizaciones que, al final de cuentas, sostienen al Gobierno en las buenas y las malas. Son, pues, la fuerza que ninguna organización política de oposición ha podido reducir, ni durante la Asamblea Constituyente ni en las sucesivas elecciones o las jornadas en las que se perpetraron tomas de instituciones en varios puntos del país, en 2008.

No obstante, lo ideal, al menos para el Gobierno, habría sido hacer un inventario de acciones positivas en vez de un recuento de daños en su contra. Es que, además de la marcha y la represión, las elecciones judiciales del 16 de octubre y la constante subida de precios a causa de la especulación con el azúcar han mermado la legitimidad del Gobierno.

Entonces, si Morales y el MAS quieren transponer el 2014 en el poder, tienen que evitar el recuento de daños y, al contrario, arroparse de acciones favorables… de gestión pública real. Y eso pasa por dejar la soberbia, la constante catarsis y la exclusión.

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