Columnistas

Recuento de daños

El TSE puso seriamente en riesgo a una de las elecciones con más participación

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

00:33 / 21 de octubre de 2014

Todo parecía normal hasta las 20.00 del domingo del 12 de octubre: conocidos los resultados del recuento rápido a través de varias estaciones de televisión, el presidente/candidato Evo Morales se declaraba ganador y sus contendores mascullaban su triste desempeño en silencio. Pero algo tenía que fallar...

Hasta esa noche había cierta expectativa sobre si el Tribunal Supremo Electoral (TSE) iba o no a cumplir su compromiso de anunciar las cifras de la votación hasta el 70% del escrutinio. No hubo tal anuncio y, al contrario, los vocales guardaron un desesperante silencio hasta el día siguiente. Pero el final fue de parodia, uno de ellos se encargó de informar de la coartada: amenaza de hacker al sistema informático (que, en realidad, fueron problemas en el sistema).

Fue el daño más grave que las elecciones y el ganador, el Movimiento Al Socialismo (MAS), sufrieron. Más allá de los problemas naturales de la votación, ésta perdió credibilidad y la legitimidad de la victoria del partido de Morales quedó en cuestión, oportunidad perfecta para los contrincantes del MAS, que alegaron fraude en su derecho al pataleo y que, seguro, lo repetirán siempre.

Fue obra de la ineficiencia del TSE, que puso seriamente en riesgo a una de las elecciones con más participación de la historia democrática (voto en el exterior, voto a los 18 años, Padrón Electoral con más votantes que nunca y mayor paridad de género).

Pero, en el recuento de daños, otros actores del proceso electoral quedaron también maltrechos, y de la peor manera. El Movimiento Sin Miedo (MSM), que postuló a Juan del Granado, antiguo alcalde de La Paz y el abogado que ayudó al encarcelamiento del dictador Luis García Meza, es el gran perdedor. Comenzó su campaña de construcción programática desde cuando rompió con el MAS (creo que fue más estrategia que conflictos en la alianza), no capitalizó su buena gestión municipal y no terminó de proyectarse en el país. Pero la elección de la acompañante del líder del MSM fue el peor error, además de la victimización (el caso de René Orellana) y las constantes denuncias, que distrajeron el posicionamiento de sus propuestas.

Si bien ha quintuplicado su votación de 2009, Samuel Doria Medina, de Unidad Demócrata (UD), no termina de convencer al electorado. Tres veces candidato presidencial, el empresario consiguió algo con la alianza en el Beni con Ernesto Suárez, pero con Rubén Costas no le fue bien, a pesar de la gravitación electoral del gobernador en Santa Cruz.

Su grave error fue el 50-50, de división de ganancias hidrocarburíferas entre las transnacionales y el Estado. No logró pegar con su denuncia no sustentada de que el MAS piensa en un “gasolinazo” para 2015 y fue corroído por el audio que vinculaba a su cancerbero Jaime Navarro con un caso de violencia de género.

De Jorge Quiroga, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), su pasado no calzó en esta época y no le favoreció la insistencia en políticas de otro tiempo. Fue atrevido al prometer comerse su reloj y su corbata en caso de que Morales consiguiera seis de diez votos (el MAS consiguió 61,04%).

Fernando Vargas, del Partido Verde de Bolivia (PVB), fue un candidato sin chances, que tuvo respaldo urbano de nostálgicos de las movilizaciones por el TIPNIS y de activistas de la Madre Tierra. Por todo, debería ser la última participación de Doria Medina y Quiroga; Del Granado ya dijo adiós y Morales no tiene opción constitucional de otra postulación. Que vengan las nuevas generaciones.

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