Columnistas

Reflexión: arquitectura y mito

El mito en la arquitectura no se lo obtiene a través de la recuperación de formas del pasado

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

02:40 / 22 de junio de 2017

Desde siempre se sabe que ciertas doctrinas buscaron ser representadas a través de obras de arte o de arquitectura, ya que el hecho de convertirse en una especie de símbolo de poder exige trascender como mito en la historia de las naciones. Asimismo no faltaron las obras testigo de ese esplendor, que combinaron formas arraigadas a la tradición con las contemporáneas en ciertas ciudades (mitad del siglo XX), convirtiéndose algunas en repeticiones o copias del pasado.

Es necesario entender que el mito en la arquitectura no se lo obtiene a través de la recuperación de formas del pasado, sino esencialmente cuando un proyecto, por ejemplo cultural, introduce el valor social. Nos referimos a que la potencialidad más relevante para construir un mito nace desde el momento en que la población concurre a esa edificación y la dota de vitalidad. Empero, no se debe olvidar que existen obras que no por haber sido concebidas para la sociedad logran ser acreedoras de significación.

Por tanto, el aseverar que cualquier obra se puede convertir en mito pareciera ser muy apresurado y quizá hasta arriesgado, ya que ésta requiere de su apropiación por parte de la ciudadanía; caso contrario, queda en la categoría de imitación. De esta manera, lo imaginario individual subyace al mito, convirtiendo a ese hecho construido solo en una experimentación histórico-social. Así, la construcción de un mito en la arquitectura presenta una primera hipótesis: el imaginar una acción para la creación de hechos que conlleven valores y que atraigan a una sociedad.

En síntesis, en arquitectura no es el nombre o las grandes dimensiones las que construyen valores para la conversión en mito, sino el sentido que le dotan los usuarios.

Parece necesario, sin embargo, aclarar que estas reflexiones no están en contra ni del mito ni de las de formas del pasado en la arquitectura, sino que solo buscan llevar a pensar al lector que el hecho de prolongar tradiciones y formas al futuro debe recordarnos que hoy los tradicionalistas y renovadores si bien buscan alianzas entre dos tiempos, éstas no siempre son compatibles.

La Paz cuenta hoy con ejemplos en los que la arquitectura adoptó formas de símbolos culturales ancestrales que no han logrado convertirse en propuestas relevantes de esta disciplina. Todo lo contrario, algunos son híbridos rememorativos de símbolos del pasado ancestral, lo cual no asegura que tengan un significado mítico.

También existen ejemplos de edificaciones que buscan erigirse sobre territorios de valor histórico, pero no toman en cuenta que al ser proyectadas sobre espacios simbólicos que fueron testigos del pasado, esas obras no logran sobresalir por la fuerza de la memoria histórica de esos lugares.

Para terminar, es evidente que existen otros ejemplos singulares en el orbe que sí se convirtieron en grandes mitos, el caso por ejemplo del Palacio de Berlín (1445). Esa infraestructura, después de la Segunda Guerra Mundial, terminó de ser derruida por Alemania Oriental, que construyó el Palacio de la República (1976). Luego de la reunificación alemana se reconstruyó la imagen exacta (salvo uno de los laterales) del Palacio Real, cuya reinauguración se espera para 2019. Esa edificación, con nuevas funciones culturales, representa indiscutiblemente un verdadero mito que ha logrado perpetuar la arquitectura y el lugar en su corte original.

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