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Reflexiones sobre Brasil

Preocupado por el tráfico de drogas, Neves anunció severas medidas de control fronterizo

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:46 / 11 de octubre de 2014

La excepción brasileña en el contexto sudamericano suma a la lengua portuguesa el hecho de ser el país más extenso, contar con la mayor población, con el menor número de cambios violentos de gobierno y con un territorio donde millones de negros, mulatos, indios y blancos conviven armoniosamente, sacudidos esporádicamente por las emociones que producen el fútbol y el carnaval. Las elecciones son, en cierto modo, fugaces accesorios a la vida cotidiana.

Séptima potencia económica en el mundo, Brasil fue considerado por muchos años como “el país del futuro”. El gigante dormido colinda con casi todos los países de América del Sur, y su natural liderato en la región fue asumido con cautela por una sofisticada diplomacia, emanada de Itamaraty, su legendaria Cancillería.

Con base en esos elementos, podríamos aventurarnos a analizar las posibles avenidas que se proyectan para el balotaje del 26 de octubre, en el que se enfrentarán la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PP), contra Aecio Neves, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), éste último secundado por la afrobrasileña Marina Silva, quien terminó en tercer lugar en la reciente justa electoral. Ella condicionó su apoyo a la no-reelección en los cargos ejecutivos, al impulso en la educación indígena y a la cooperación a los campesinos sin tierra. El ambiente callejero denota la dicotomía todos contra Dilma: socialistas, ecologistas, social-cristianos, verdes, conservadores, derechistas, banqueros y lo que es muy significativo, gran parte de los medios de comunicación. Pareciera ignorarse los 12 años del mandato combinado Lula-Dilma, que muestran una eficaz ejecutoria al haber sacado de la pobreza extrema a 30 millones de brasileños, haciendo que hoy tres de cada cuatro pudiesen acceder a la clase media. Añádase a ello varios programas novedosos de avance social y un crecimiento sostenido de su economía, lamentablemente disminuido durante los 20 últimos meses.

En política externa, el tándem Lula-Dilma se desmarcó de la tutela americana, para acercarse más a los gobiernos progresistas de la vecindad, fortaleciendo con su presencia organismos regionales como el Mercosur, la Unasur y la Celac. Paralelamente, Brasil se vinculó ostensiblemente con el mundo árabe y con el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Todo ese andamiaje será cuestionado si Aecio Neves gana la segunda vuelta, pues se presume que el candidato mineiro es partidario de engarzarse a la Alianza del Pacífico y reanudar estrechos lazos con Estados Unidos y la Unión Europea. Preocupado por el aumento de la criminalidad que ocasiona el tráfico de drogas, Neves anunció severas medidas de control fronterizo con Bolivia, lo cual contaminaría, ciertamente, la condición brasileña de primer comprador del gas boliviano.

Aunque sus detractores aseguran que la elección de Neves significaría un retroceso al periodo neoliberal de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) cuando aún existían bolsones de hambre en el noreste brasileño y el país tuvo que confrontar serias crisis financieras, Neves se proyecta como el motor del cambio que todos claman, haciendo eco a aquel poeta que decía “no sé a dónde voy, pero siempre llego”. Se confía en que el impetuoso senador tenga mejor suerte que su abuelo Tancredo Neves, quien en 1985, habiendo sido elegido primer mandatario civil luego de la dictadura militar, sucumbió víctima de una diverticulitis aguda, dos días antes de asumir el mando. Pero como en Brasil todo termina en samba, fue inmediatamente sustituido por el Presidente del Senado y la fiesta de inauguración presidencial, que había sido cuidadosamente preparada, continuó sin pausa alguna.

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