Columnistas

Regalos de cumpleaños

Confío en que algún día este abuso terminará, y será al influjo de una palabra mágica: educación.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

01:50 / 25 de octubre de 2016

El 20 de octubre último La Paz recibió dos regalos que eran para no aceptarlos, verdaderos presentes griegos que difieren en su futuro: uno es redimible, el otro irreversible.

El primer regalo es canalla de verdad y viene de uno de los sectores sociales más indignos de nuestra sociedad: los choferes del transporte sindicalizado y del transporte libre. Esta vez llegaron lejos en su animadversión con la ciudadanía y decidieron jodernos en nuestro aniversario, aprovechando nuestro carácter estoico y sacrificado, un carácter que a ratos se asemeja a una bobería colectiva. Este grupo no tiene justificativo alguno para semejante afrenta. Pueden ir a cuanto canal de televisión quiera para exponer sus “justificativos” y “excusas”, y es en vano.

Sabemos de sobra los motivos detrás de estas protestas.

No me quejo de memoria. Soy un usuario a diario del transporte público y es inconcebible que sigamos en este caos y suframos bloqueos anticonstitucionales cuando a ese grupo le da la gana. Exigirles el cumplimiento de normas es un derecho ciudadano que no tiene discusión alguna. Ni siquiera da para dialogar o consensuar semejante reclamo humano, básico y fundamental de toda la ciudadanía. Confío en que algún día este abuso terminará, y será al influjo de una palabra mágica: educación.

El segundo regalo sí es lapidario de verdad. La Unión Europea de Geociencias ha publicado en su portal digital The Cryosphere el resultado de un estudio sobre el cambio climático y los glaciares en los andes bolivianos. Según los científicos, en apenas 28 años los glaciares se derritieron en promedio un 43%. Una barbaridad de cifra que ya fue establecida, con porcentajes similares, por estudios locales y de algunas agencias de cooperación. ¿Qué significa semejante dato? Que aparte de los problemas de agua, de riesgos potenciales (inundaciones catastróficas por retención de lagunas) y otros efectos medioambientales irreversibles, perderemos una característica emblemática de nuestra tierra: los nevados. En una sola generación hemos visto disminuir esas nieves antaño consideradas eternas. Recuerdan cómo eran hace unas décadas atrás el Chacaltaya o La Cumbre camino a los Yungas. Según una infografía publicada por este matutino con datos del Programa Nacional de Cambio Climático, el Illimani ya perdió el 43% de sus nieves en apenas tres décadas. Si extrapolamos groseramente ese dato, el 20 de octubre de 2040 no tendremos nieve en nuestra montaña tutelar: el Resplandeciente será de un gris mortecino y lleno de chinos.

Pero valga un consuelo opa. Gracias a la guadaña somos muchos los que no veremos semejante tragedia para la paceñidad.

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