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Regular las casas de empeño

Regular las casas de empeño podría beneficiar principalmente a las mujeres de sectores populares

La Razón / Arcilla de papel - Lourdes Montero

02:07 / 08 de julio de 2013

Hace unos días la directora ejecutiva de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (Asfi), Lenny Valdivia, presentó una investigación sobre las casas de empeño, realizada entre octubre y diciembre de 2012. En ella se revela la existencia de 496 entidades de este tipo en todo el país, distribuidas sobre todo en las ciudades de La Paz y El Alto.

Por lo que sé, se trata del primer censo de este tipo de negocios, que nos permite conocer la existencia de tres empresas formales que operan con un capital cercano a los Bs 500.000, mientras que las restantes son más pequeñas e informales, con capitales desde Bs 10.000. Se trata de negocios de préstamos rápidos sobre artículos de valor como televisores, equipos de sonido, computadoras y, principalmente, joyas de oro. Los préstamos, según revela la investigación, pueden ser entre Bs 1 y Bs 10.000 por 30 días, y lo común —por lo menos en El Alto— es de Bs 200.

Por el monto del préstamo y tipo de problemas que estos negocios resuelven (falta de dinero para llegar a fin de mes, enfermedades en la familia, compra de útiles escolares, emergencias diversas), al igual que el microcrédito, la mayoría de clientes suelen ser mujeres. Mujeres que con su trabajo están pagando préstamos de usura, con tasas de interés que van desde el 10% hasta el 28% mensual.  

Hace unos años, en una investigación realizada en ciudades de Bolivia, India y Pilipinas, liderada por la investigadora española Lourdes Benería, sobre ahorro y crédito en sectores populares, llamó la atención la marcada tendencia de las mujeres hacia la compra de joyas de oro. En principio se asumió como una señal de vanidad o búsqueda de prestigio en las fiestas. Sin embargo, en entrevistas a profundidad se pudo comprender que se trataba de una inteligente estrategia de gestión de riesgos. Cuando el trabajo y los negocios marchaban bien, las mujeres adquirían joyas (incluso con pagos a plazos), ya que no confiaban en los bancos y guardar dinero en casa era un riesgo con maridos e hijos pendientes del ahorro. Las joyas no despertaban sospechas, mantenían su valor y podían convertirse rápidamente en dinero en efectivo. Por ello, las mujeres pueden ser presa fácil de las casas de empeño, donde además de pagar intereses de usura, usualmente pierden sus joyas producto de años de esfuerzo.

Pero ustedes se preguntarán cómo  estas casas de empeño logran evadir el decreto que, desde 2004, regula el límite máximo de la tasa de interés fijado en 3% mensual para el sistema financiero. Al respecto, en una nota de La Razón el periodista Willy Chipana nos explica que: “en una casa de empeño se ofertan estos servicios a una tasa de interés del 10,6% mensual (…), si una persona se retrasa en el pago, deberá pagar una multa del 3% adicional, que sumados hacen 13,6%. El interés es del 3% que se le cobra en cualquier lugar y el 7,6% equivale a gastos por custodia y seguridad”. Así, el monto más alto que usted paga en realidad es atribuido a la “custodia y seguridad” de su bien puesto en hipoteca.

Por todo ello, regular las casas de empeño podría beneficiar principalmente a las mujeres de sectores populares y sus estrategias de ahorro. Desde este espacio felicitamos y animamos a la directora ejecutiva de la Asfi, Lenny Valdivia, para que concretice su anuncio de regular y supervisar los contratos abusivos que las casas de empeño suscriben con los usuarios.

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