Columnistas

Religión y el arte público

Es tiempo de que el arte público en nuestro país sea mejor apreciado y protegido

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:27 / 05 de marzo de 2015

En toda la historia la ciudad fue el emplazamiento privilegiado de las comunidades religiosas. Se expandió con movilizaciones y concentraciones de creyentes también en espacios públicos abiertos. Así, esas actividades consagradas a Dios denotaban que la religión de alguna manera surgió del pueblo y aún lo representa, ya que reúne a la población sin diferencia de clases sociales.

Posteriormente se construyeron las grandes iglesias y catedrales, las cuales —en el caso de las últimas— seguramente son las obras de arte público mejor logradas que hayan existido nunca. Catedrales como la de Notre Dame en París, o el Templo Expiatorio de La Sagrada Familia en Barcelona y otros más son considerados hoy modelos perfectos de gran valor arquitectónico y bellos por excelencia. Incluso se podría afirmar que son “obras de arte total”. Esto porque reflejan en su exterior e interior valores estéticos como las esculturas en sus fachadas, y hermosos cuadros y frescos, como es el caso de la Capilla Sixtina.

De este modo, la fe no solo ha inspirado el camino del creyente, sino también el de los arquitectos y artistas que, con su talento, han dotado de sentido y valor simbólico a esas edificaciones. Tampoco se debe olvidar a los vitrales, que muestran pasajes de la historia religiosa que inspiran a los creyentes en su acto de fe.

Ciertamente, la fe y la religión fueron durante siglos la esencia conceptual de grandes obras. Y la música no fue la excepción, ya que, por ejemplo con los cantos gregorianos, elevó el arte público religioso a un “rango supremo”.

Asimismo se debe destacar las catedrales que intervinieron urbanísticamente con atrios y estatuaria clásica en el Renacimiento, un hecho que dio lugar a sus nuevas funciones como paseo urbano.

Se aproxima la fecha en que el mundo católico recibirá a la Semana Santa y muchas catedrales y templos abrirán sus puertas para la visita de los creyentes. Si bien ciertos cuadros serán cubiertos esos días, no cabe duda de que ese periodo espiritual nos permitirá apreciarlos y valorarlos nuevamente. Nuestro país cuenta con importantes y hermosas edificaciones religiosas, cuyo valioso arte nos exige no solo la difusión de ese legado artístico, sino principalmente su preservación.

Por todo ello, sería oportuno revisar los depositarios de arte y pintura en el país. Con satisfacción hemos leído que las autoridades impulsarán la ley de patrimonio e identificación de piezas patrimoniales para su recuperación. Lo cual es loable, aunque lo fundamental es equipar de nuevos y modernos sistemas tecnológicos de seguridad a los museos y especialmente a las iglesias. Esto para evitar que sigan desapareciendo cuadros, tal como sucedió en Potosí. Y si bien dos obras serán devueltas al país, ese hecho debía alentar a las autoridades de cultura a edificar o adecuar pequeños museos como el de la Catedral de La Paz, que posee un área de exposición en la que se concentran obras ricas en platería, escultura y ornamentos, sin olvidar los cuadros de la escuela de Rubens o la serie de pinturas de Bernardo Bitti que seguramente están mejor protegidas. De igual forma, otras iglesias podrían resguardar su patrimonio en distintos museos.

Es tiempo de que el arte público en nuestro país sea mejor apreciado y protegido, ya que a fin de cuentas representa las huellas de tránsito por la vida de una sociedad.

Es arquitecta.

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