Columnistas

Religión y libertad de expresión

Para que pueda haber libertad de expresión, las ideas más ofensivas deben poder expresarse libremente

La Razón (Edición Impresa) / Enrique MacLean Soruco

02:16 / 25 de abril de 2014

Semanas atrás, grupos cívicos orureños se manifestaron contra el artista Al Azar por una caricatura sobre el Carnaval de Oruro publicada el 6 de marzo. En apoyo al artista, un grupo de internautas, llamado Todos con Al Azar, organizó a otros artistas y publicó numerosas caricaturas alusivas a la obra cuestionada. Entre ellas se publicó una imagen de la estatua de la Virgen del Socavón y el Niño Jesús, ambos con rostros de calavera y unos rayos rojos (aparentemente láser) saliendo de sus ojos, apuntados a los bailarines. Ante la avalancha de reclamos de devotos de la Virgen que se sentían ofendidos, no pasó mucho tiempo antes de que el colectivo Todos con Al Azar decidiera censurar la caricatura en cuestión, imputándola de impertinente y acusándola de generar polémica innecesaria.

Este incidente ha coincidido con la muerte de Fred Phelps, líder de una secta cristiana extremista: la Iglesia Baptista de Westboro. Esta iglesia, originaria de Kansas (EEUU), afirma que Dios odia a los homosexuales y que todas las tragedias del mundo (incluidos los ataques terroristas del 11 de septiembre) son castigos divinos por la tolerancia de la sociedad hacia los homosexuales. El señor Phelps y su infame secta no limitaban su culto al ámbito privado, sino que organizaban manifestaciones en los funerales de soldados fallecidos en las guerras de Afganistán e Irak. Los manifestantes, usando letreros explícitos y cánticos burlescos, dan las gracias a Dios por haberles quitado la vida al soldado en castigo por la decadencia y conducta pecaminosa de los estadounidenses. El padre de un marine fallecido (Snyder) siguió juicio a esta secta, alegando que la manifestación fuera del funeral de su hijo no podía ser amparada por la libertad de expresión. El caso fue decidido por la Corte Suprema de EEUU a favor de la secta, argumentando que el contenido, el lugar y la forma en la que protestaron se dieron dentro de la protección de la Primera Enmienda de la Constitución que reconoce la libertad de expresión. En este caso se consideró que las protestas no interfirieron con los servicios funerarios, se dieron en forma no violenta sobre propiedad pública, tenían en su contenido asuntos de índole pública y que no revelaban hechos o datos del ámbito de la privacidad o intimidad de los demandantes.

La conclusión es simple: para que la libertad de expresión pueda existir, las ideas más ofensivas y repulsivas deben poder expresarse libremente. El contenido de la idea no limita ni condiciona la protección de su expresión. Por tanto, no puede darse tutela legal a aquellos que amenazan o logran efectivamente censurar, silenciar o amenazar a los autores de ideas polémicas y controversiales. En el caso de la caricatura censurada por Todos con Al Azar, la religión ha demostrado ser el enemigo nato de la libertad de expresión, porque exige que la fe sea inmune al escrutinio o la ironía. La libertad de expresión debe incluir la licencia de ofender, ya que no existe idea que pueda ser igualmente ofensiva a todas las personas, o que lleve la garantía de no poder ofender a ninguna. Mientras esto no sea comprendido en el ejercicio del periodismo y el arte, no existirá libertad de expresión plena.

En represalia por la publicación de caricaturas del profeta Mahoma en un periódico danés en 2005, grupos radicales musulmanes agredieron y quemaron distintas embajadas de Dinamarca. Oruro ha demostrado que el riesgo de que esta barbarie ocurra en Bolivia no es tan lejano como hubiésemos pensado.

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