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Renuncia antes que destitución

Todo el mundo sabe que Barack Obama es presidente de los Estados Unidos de América; muchos saben que la reina de Inglaterra reina, pero no gobierna; incluso en América Latina se conoce que Cristina vda. de Kirchner es presidenta de la República Argentina, y que además dirige las finanzas públicas y actúa a su antojo como el gabinete entero. En cambio, no todo el mundo conoce el nombre del Jefe de Estado de la República Federal de Alemania, siendo un país con tanta historia y con tanto peso en la crisis económico-financiera de Europa. No falta quienes creen que la presidenta de Alemania es Ángela Merkel.

La Razón / José Gramunt

02:29 / 22 de febrero de 2012

Pues ha tenido que ser la renuncia del verdadero gobernante alemán, el viernes, para que el mundo supiera su nombre: Christian Wulff, aunque de poco sirve esta información ahora, que ya está preconizado el ciudadano alemán que, dentro de unos días va a sucederle.

Wulff tuvo que renunciar porque un fiscal tiene indicios suficientes para investigar si es cierto que, siendo Wulff presidente del Estado de la Baja Sajonia, se benefició de una hipoteca con rebajas “por ser vos quien sois”, y que también pasó unas placenteras vacaciones en la mansión de un amigo que le debía favores. Total, unas bagatelas, para las conciencias de manga ancha que actualmente están en boga. Pero el fiscal ha requerido a la Asamblea Nacional la suspensión de la inmunidad de la que Wulff gozaba hasta ahora, antes de que lo desaforaran.

Convengamos en que las renuncias no son frecuentes en nuestro medio. Los usos y costumbres establecen que sólo se renuncia cuando las cosas son demasiado retorcidas o excesivamente escandalosas. Pocos son los que renuncian voluntariamente a una buena canonjía. En el peor de los casos no se renuncia, “lo renuncian”, valga el barbarismo. A unos con motivo justificado, a otros, por medio de artimañas de política rastrera.

La crisis de la Presidencia alemana duró poco. Tras dos días de negociaciones maratónicas entre los partidos políticos de diversas tendencias, salió el humo blanco que paradójicamente anunciaba la próxima elección por la Asamblea alemana de un pastor luterano como Jefe del Estado.

El escogido por el consenso de los partidos de gobierno y de oposición es Joachim Gauck, 72 años. No es militante de ningún partido, pero sí fue activo resistente al régimen comunista de la Alemania Oriental. Al final de la guerra se le confió la inmensa documentación secreta de STASI, una Policía política secreta que fichaba a todo bicho viviente y los condenaba o chantajeaba según los perversos intereses del partido. Se cuenta que Gauck tuvo en sus manos esos archivos, pero los manejó sin resentimientos y venganzas.

Valga la oportunidad para señalar que el deber moral de la renuncia no debería aplicarse tan sólo en casos de comisión de acciones injustas o deshonrosas; también debería producirse en casos en los que, sea por negligencia o por omisión, se producen daños tan graves como contra las vidas inocentes, o incluso grandes perjuicios a la sociedad o al Estado. Estirando la hilacha, debería renunciarse por errores cometidos por agentes diplomáticos que dejen en mal lugar a Bolivia o entorpezcan las buenas relaciones diplomáticas entre países. En estas y otras ocasiones similares, la única opción digna es renunciar. Más vale irse con dignidad que ser destituido para vergüenza pública.

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