Columnistas

Repensar la macroeconomía

La crisis impulsó la transferencia de la deuda de las grandes empresas a los Estados ‘soberanos’

La Razón / Gabriel Loza Tellería

01:40 / 04 de mayo de 2013

Recientemente se llevó a cabo en el Fondo Monetario Internacional (FMI) la segunda conferencia “Repensar la Política Macroeconómica”. La primera se organizó en 2011, aunque el trabajo seminal sobre este tema data de 2010, cuando Olivier Blanchard (consejero económico) cuestiona los paradigmas macroeconómicos que no permitieron enfrentar bien la crisis financiera de 2008. Entre éstos, el de un solo instrumento y un único objetivo en la política monetaria europea, centrada en la inflación y en la tasa de interés; o el menosprecio a la política fiscal y la preferencia por las regulaciones microprudenciales en el sistema financiero.

Tres años después de repensar, y cinco años de crisis financiera, los grandes economistas y el FMI no nos dan ninguna luz al final del túnel. Así, Lagarde, directora gerente del FMI, en la inauguración de la conferencia utilizó la frase de Churchill, en la que afirma que no estamos en el final ni tampoco en el principio del final, sino quizá en el final de los inicios. Lo que en buenas palabras quiere decir que no sabemos dónde estamos.

Preocupan más las discusiones de los grandes economistas sobre el gato. Sí, estimado lector: en la gran Conferencia se debatió sobre el gato. George Akerlof, premio Nobel de Economía, utilizó el ejemplo del gato como un simil a la crisis: está en un gran árbol, se sabe que se va a caer pero los economistas no sabemos qué hacer. No faltó Stiglitz para agregar: “que falta una teoría que explique por qué el gato todavía está en el árbol”. Tal vez lo más lógico sería preguntarse: ¿quién plantó el árbol? Finalmente, las conclusiones terminaron señalando que “a pesar del significantes progresos en la investigación y en la experimentación de políticas en los últimos dos años, los contornos de la futura política macroeconómica permanecen vagos”.

Cuando surgió la crisis que dio inicio en 1929 a la Gran Depresión, apareció Keynes, el fundador de la macroeconomía, y dijo que el mercado no restituía el equilibrio con ajustes automáticos y que era necesaria la intervención del Estado con inversión pública y con adecuado manejo de la política fiscal, dada la ineficacia de la política monetaria. Ahora, a la ineficacia de la tasa de interés como instrumento de política monetaria y al agotamiento del “relajamiento cuantitativo” o inyecciones de cantidad de dinero en la economía, a través de los bancos centrales, resulta que, dada la elevada deuda pública contraída por el Estado para salvar al sistema financiero, también sería ineficaz la política de reducir el gasto fiscal.

Pero el ciudadano de a pie no entiende lo que pasa, puesto que mientras se sigue hablando de la crisis, las bolsas mundiales superaron sus niveles precrisis de 2008, ha crecido el Dow Jones este año en 14%, los paraísos fiscales están inundados de billones de dólares y la presidenta de Yahoo cobró por seis meses, parte de ellos con licencia de maternidad, la suma de $us 36,6 millones. Algo huele mal: los Estados están quebrados, las bolsas y las grandes empresas ganan y se siguen recompensado por invertir mal el dinero a los altos ejecutivos (CEO en inglés).

Lo que tal vez tenemos que hacer es volver a la definición de economía de David Ricardo, como ciencia que estudia las leyes de la producción y distribución del producto social entre las distintas clases de la sociedad. Y podremos observar que la crisis resultó en un cambio de la distribución de la riqueza a los estratos más ricos de la sociedad y en la transferencia de deuda de las grandes empresas a los Estados “soberanos”. Y mientras los economistas no veamos que el problema es cómo se distribuye la riqueza, no sabremos dónde estamos ni qué tenemos que hacer.

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