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Repsol YPF

En las transnacionales la obtención de réditos se busca incluso en contra de los intereses del país

La Razón / Pablo Rossell Arce

00:46 / 19 de abril de 2012

Así que Argentina decidió nacionalizar YPF, empresa estatal de petróleo (Yacimientos Petrolíferos Fiscales, es el nombre de la empresa) que fue privatizada en la época del célebre Carlos Menem y entregada a manos de la compañía española Repsol.

Las reacciones en ambos lados del Atlántico no se dejaron esperar. Una de las más curiosas, que me parece digna de destacar, es la del propio Antonio Brufau, presidente de Repsol, quien dijo que Kirshner tomó la decisión de expropiar YPF con el fin de “ tapar la crisis social y económica que azota a la Argentina”. Interesante observación, habida cuenta de que, por efecto de la crisis financiera internacional, España sufre una contracción del orden del 0,1% de su PIB y tiene una tasa de desempleo del 24%. Argentina, por su lado, exhibe un crecimiento del 7,5% de su PIB y su tasa de desempleo es de 7,9%.

Y si de crisis sociales hablamos, vale la pena recordar que el año pasado, en España se registraron más de 58 mil desalojos por préstamos hipotecarios no pagados; una muestra de cómo la crisis financiera se relaciona con la burbuja inmobiliaria. Las recientes iniciativas de penalizar por ley las convocatorias a manifestaciones mediante las redes sociales en España son otra muestra de que las aguas no están tan calmas por allá.

En fin, que para echar algo de luz al asunto, el investigador boliviano Mauricio Medinaceli, en su blog http://mmedinaceli.com, nos da algunas pistas de lo que puede estar detrás de la nacionalización de YPF. Hasta el primer trimestre de 2011, la producción de gas de todas las empresas en Argentina estuvo en picada; a partir de ese momento, la producción de gas sube para todas las empresas... menos para YPF, que mantuvo su tendencia a la baja.

La historia de las privatizaciones en América Latina es, en muchos casos, una historia de terror: empresas que se rematan, estados financieros que se fraguan para reducir el valor de las empresas, certificaciones de reservas que se manipulan para ganar valor en bolsa; ejemplos surtidos de contubernios, etc.

Luego de las historias de terror de las privatizaciones, vienen las historias acerca de cómo las empresas transnacionales aprovechan los recursos de las empresas privatizadas para engordar las ganancias de la casa matriz. En Bolivia nos hemos quedado prácticamente sin rieles gracias a esta práctica, y la historia del desguace y posterior exportación, por partecitas, de las naves del Lloyd Aéreo Boliviano fue por todos conocida en su época.

Me imagino que algún entusiasta de las fuerzas del “mercado” argumentará indicando que éstos son casos aislados, que son errores subsanables y que no afectan al principio de que los actores privados, por su superior racionalidad económica, pueden encargarse de cualquier negocio mejor que el actor estatal, propenso a una racionalidad político-corporativa nociva para el desarrollo.

Yo personalmente creo que el principio de los actores privados es la ganancia. Y punto. Que si un actor privado tiene un tamaño económico desproporcionado para un país latinoamericano (sea la Argentina, Bolivia o cualquier otro), la búsqueda de ganancias se logrará incluso en contra de los intereses del país.

Los nacionalizadores se dieron cuenta de esto, y en Argentina y en Bolivia están recuperando el patrimonio estatal para el beneficio de la sociedad. Ahora viene el reto de demostrar que una empresa nacionalizada puede funcionar mejor que una privatizada, porque contribuye no sólo al bienestar social, sino que también genera rentabilidad económica. Los “errores del Estado” pueden y deben ser eficazmente combatidos para preservar el patrimonio común.

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