Columnistas

Réquiem para una república

Al eliminar la categoría mestizo, se obvia la primicia básica de que todos somos iguales ante la ley

La Razón / Wálter I. Vargas

01:37 / 14 de enero de 2012

Éste es, como se sabe, el título del último libro que escribió el tempranamente fallecido Sergio Almaraz, en 1968. No es una lectura que recomiende especialmente a nadie, a menos que se quiera realizar algún estudio de carácter más psicológico acerca de la manera de pensar y escribir de los escritores y periodistas de la izquierda latinoamericana de esos años (desgraciadamente con abundantes epígonos actuales). Sus ingredientes son los típicos de ese tipo de alegato destinado a movilizar a la desorientada opinión pública de países como Bolivia: un antinorteamericanismo militante y casi obsesivo y una falta asombrosa de autocrítica, acompañados, en el caso particular de Almaraz, de un gusto por la autoconmiseración nacional que se acerca al masoquismo (léase como ejemplo el famoso ensayo Los cementerios mineros), resultado de lo cual la dictadura de Barrientos fue en realidad una invasión norteamericana con el propósito de aniquilar definitivamente el futuro del país como nación.

Es un esquema que ha calado tan hondo en la mentalidad boliviana que es casi como un reflejo condicionado o segunda naturaleza ideológica, de tal modo que incluso un escolar afirmará que históricamente fuerzas exógenas han saqueado las infinitas riquezas de nuestro país (otro mito que merecería mejores estudios), con el avieso propósito de frustrar nuestro venturoso destino como potencia, por lo menos regional. No por nada la nueva camada de ideólogos encaramados actualmente en el poder lo usa siempre que tiene un apuro político.

Si uso ese título es para mostrar que ese patetismo era innecesario, pues, pese al ánimo mortuorio de Almaraz, la República siguió nomás viva, pese a las dictaduras militares, al verdaderamente desastroso gobierno de izquierda de la UDP y al llamado neoliberalismo. Y para constatar cómo, ironía de la historia, la preocupación de Almaraz  por la suerte del país podría efectuarse ahora, pero desde la izquierda del siglo XXI. Me refiero, claro, a la pretensión (ojalá destinada al fracaso) de construir a trancas y barrancas un Estado plurinacional, multicolor, multisigno, proteico y caleidoscópico (la ironía es más jugosa en el caso personal de Almaraz, si se piensa que fue su hijo Alejandro, en calidad de viceministro, uno de los promotores del experimento que estamos viviendo).

La forma tramposa en la que se quiere llevar a cabo el próximo censo, en realidad repetir lo que ya se hizo en 2001, es sólo un paso más en esa dirección, pero un paso importante, porque al eliminar la categoría más sana, sencilla y mayoritaria de ciudadanía boliviana (mestizo), se oscurece la sabiduría republicana básica, la de que todos son ciudadanos iguales ante la ley, sin distinciones de otras índoles, y se sigue cultivando el terreno siempre peligroso de las diferencias raciales, culturales, religiosas, etc.

La gente sabe esto, por eso se dedica a gambetear al poder antidemocrático con medidas prácticas. Como dicen que hizo una de las juezas recientemente posesionada, que se vistió de cholita para cumplir el requisito de indigenismo; muchos hacen lo mismo en el llano. Yo conozco más de un caso de voluntariosos y trabajadores paceños que han recurrido a vestirse de mallkus en los pueblos de los que emigraran ya hace muchos años, para cumplir algún propósito práctico, como recuperar algún terreno o desarrollar una cooperativa minera. Y que una vez cumplido tal cometido, se sacaron el disfraz y volvieron a sus tareas cotidianas en la ciudad.

Un columnista paceño ha dicho que espera que el propósito insensato de suprimir la opción de mestizo en el próximo censo sea dejado de lado. Pero con ideólogos obsesionados por sus sueños de ingeniería social no bastan los deseos de sensatez, es necesario realizar una tarea de oposición seria y sacrificada de parte de la población, como ha ocurrido con las elecciones judiciales. De otra manera, ante las cincuenta y tantas etnias a las que quieren reducir a la población boliviana, muchos, yo diría que la gran mayoría, vamos a tener que recurrir al conocido método infantil que utiliza los dedos para escoger al azar una opción, y que se acompaña con una cancioncilla que reza más o menos así: dedin, marín de do pingüé, cúcara mácara, títere fue.

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