Columnistas

Resistir al olvido

La democracia chilena parece demostrar que esa condición política no basta para reparar daños.

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia Quiroga

04:26 / 01 de noviembre de 2015

Como una cruel paradoja, desde hace varios años que mi columna coincide con Todos Santos y el inevitable recuerdo de la masacre de noviembre. Es una memoria acre y cortante que destaza otra vez las vísceras y lo recuerdo como si fuera ayer, pese a los 36 años del genocidio. Ya no somos esos jóvenes pletóricos de sueños por la justicia, capaces de cualquier audacia con tal de hacer valer nuestros derechos y luchar por ellos. Esa actitud, por más que los años y la salud quebrantada que quedó desde entonces, no ha menguado, solamente se ha pulido como una piedra por las aguas del río del tiempo. A veces quisiera que esto se quedara como una pesadilla en el olvido, pero eso es lo que quieren quienes todavía, luego de tanto tiempo, medran en la oscuridad del poder. ¿Cómo pudo suceder semejante atropello a la vida?

Bolivia intentaba salir de una crisis planteada por la década y media de gobiernos militares y las elecciones de 1979 confirmaron que se avecinaban otras épocas, el MNR, con sus líderes históricos, periclitaba por la ley biológica e ideológica, su proyecto de Estado no tenía matices que los conformaran nítidamente, porque todos los partidos de entonces eran hijastros que habían engendrado  las clases hegemónicas que se apoderaron de la Revolución del 52… y estaban jugando sus últimas cartas. Nadie cedía y se llamó empantanamiento a una pugna de intereses de grupos.

El gobierno interino de Guevara Arce intentaba aglutinar estas fuerzas, con un acto que siempre tuvo casi un carácter sacrosanto y del que no se pueden excluir los partidos políticos que siempre alientan un interesado patriotismo coyuntural: la mediterraneidad boliviana. Esta cumpliría un centenario de su enclaustramiento por Chile.

Así, se prepara la IX Asamblea General de la OEA en La Paz y paralelamente, Guillermo Bedregal, Edil Sandoval Morón, Fellman Velarde, Abel Ayoroa, entre otros militantes del MNR, preparaban el golpe militar con el coronel Alberto Natush Busch a la cabeza.

Después del resonante triunfo diplomático que se logró ese año, anterior al de La Haya de 2015, por el apoyo de los cancilleres, la aventura militar despeñó  el primer logro de convertir en multilateral el centenario conflicto con Chile, que envío a un canciller conservador,  Pedro Daza, quien estuvo a punto de abandonar la Asamblea.

Los rumores del golpe militar se acentuaron y la consecución de la aventura política permitió a la diplomacia chilena argüir que Bolivia no tenía una política seria para encarar una solución a largo plazo por la inestabilidad política. Este argumento les sirvió como modelo todas estas décadas y, sin embargo, ninguno de los militares bolivianos que habían comandado la masacre por aire y por tierra, como en una verdadera guerra, fue juzgado por traición a la patria y menos sus cómplices civiles. El pueblo, con sorna, motejó al Coronel Doria Medina, como “Mariscal de la Pérez Velasco”, por su actitud sanguinaria de ametrallar a civiles indefensos. Es más, también Guillermo Bedregal, conocido por su alto grado de liviandad moral y descaro,  languidece en su mansión, sin haber estado ni un minuto en la cárcel. Los centenares de heridos, huérfanos, minusválidos, viudas , con excepción de unos cuantos, recibieron la indemnización de un programa de resarcimiento, en cambio, una gran mayoría no lo hizo. Extrañamente, en nuestro caso, pese a presentar certificado médico, certificados de refugiado político y expreso político fuimos rechazados. Nadie lucha para que lo indemnicen, uno sabe que la lucha política tiene esos riesgos, pero por lo menos, indemnizar a nuestros hijos por todo el sufrimiento y el dolor causado, puede aliviar en algo esta deuda moral que tiene el Estado boliviano con las víctimas de esta y otras masacres del ejército boliviano y sus cómplices civiles. En cambio, sospechosamente, personas que estuvieron un o dos meses en la cárcel si lo hicieron. Se rumorea que allí también hubo malos y extraños manejos, pero ya nadie se acuerda y solo un grupo de ciudadanos lo hace, frente al Ministerio de Justicia esperando y resistiendo al olvido, batalla que no debe ser perdida, para que nunca más los criminales legitimados por el poder político duerman impunes.

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