Columnistas

Resolución histórica

Los hechos demuestran que lo que se siembra con compromiso, como las semillas, rinde frutos

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

02:25 / 12 de septiembre de 2014

Como “resolución histórica” fue calificada por la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, la Resolución de la Asamblea General de la ONU 68/304 sobre la quiebra y reestructuración de deudas sobernas, aprobada con 121 votos a favor, 11 en contra y 41 abstenciones. El precitado acuerdo establece que antes de iniciarse la próxima sesión de las Naciones Unidas debe aprobarse una convención sobre las deudas y la reestructuración de las mismas, en el marco del ejercicio de la soberanía nacional. 

Se debe destacar que la acción de un fallo judicial en Estados Unidos viabilizó la pretensión de los tenedores de los denominados “fondos buitre” (bonos de deuda) que, sin el menor escrúpulo, intentan lucrar con capitales especulativos sobre deudas contraídas por los regímenes neoliberales, que de pagarse en los términos que se pretenden significaría un terrible daño a las economías de los países en desarrollo y un nefasto atentado a la soberanía económica de los Estados.

Como muy bien reconoció la Presidenta argentina, el G-77 fue un factor determinante en la aprobación de esta resolución, que debe sentar las bases para regular la reestructuración de la deuda en el marco de los intereses nacionales y no dentro las perspectivas rapaces de los tenedores de los “fondos buitre”.  Se debe reconocer que en el seno de la Declaración de Santa Cruz de junio del presente año, uno de los acuerdos asumidos fue coordinar esfuerzos por aprobar un convenio en el marco del sistema de la ONU que permita establecer reglas del juego en el que se limite el abuso de los intereses financieros especulativos, y se precautele el patrimonio y los recursos de los países en desarrollo, para que el dinero que debe ser destinado al alimento, educación y vivienda de nuestros ciudadanos no vaya a engrosar las cajas de caudales de los banqueros y entidades rapaces del capitalismo transnacional.

Después de muchos años el G-77 logra unificar de forma casi unánime a sus países miembros en función de una política común, gracias a una gestión diplomática eficaz, pero también producto de la revitalización de una agrupación que había entrado en un proceso de letargo del que se ha despertado con el impulso y compromiso que le ha dado Bolivia, al asumir la presidencia del grupo en enero.

Mientras algunos opositores disfrazados de periodistas se inventan cifras sobre lo que significó la cumbre de junio, mientras se minimiza su impacto, mientras se atribuyen intereses electorales a un encuentro internacional que fue precedido por un amplio debate de la sociedad civil internacional, los hechos demuestran que lo que se siembra con compromiso, como las semillas, aunque no siempre de forma inmediata, rinde frutos.

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