Columnistas

Respeto y tolerancia

Frente a tantas muestras de intolerancia, hay quienes buscan vivir dentro de nuevas reglas

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma / La Paz

23:09 / 08 de junio de 2016

Un grupo de amigos convirtió su reunión en un recuento de los maltratos cotidianos que reciben en entidades públicas y privadas. Relataron los atropellos de sus acompañantes ocasionales (conductores y pasajeros) en minibuses, taxis y trufis. Comenzaron con un aire de queja, resaltando su educación y estatus social como un atenuante del maltrato. Sin que medie invitación, uno tras otro elaboraron un rosario de lamentos.

El escenario cambió cuando de víctimas pasaron a agresores. Uno de ellos, con voz fuerte, contó cómo había contestado a un funcionario público cuando éste le pidió respetar su turno, las palabras que utilizó francamente son irreproducibles. A partir de ese instante los componentes del grupo se transformaron en competidores de un torneo en el que el vencedor sería el que mayores insultos había proferido a sus supuestos agresores. Creció el arrebato, sus ojos se desorbitaron, se levantaron de sus sillas, convocaron a sus habilidades histriónicas, hicieron alarde de su lenguaje florido en sus versiones más hirientes y bochornosas. Allí algunos quedamos vapuleados y ofendidos.

Así me sentí cuando abordé una movilidad pública en la que un pasajero hablaba por su celular, y a voz en cuello decía que no aguantaba estar en este pueblo de gente que no entiende lo que se dice, son lerdos. Era un boliviano que se quejaba del clima paceño, de la comida, de la gente. “Nada, pero nada de aquí me gusta”, decía. Todos los pasajeros nos sentimos insultados, menospreciados. Escuchar esos relatos donde unos se vanaglorian de insultar y humillar a los otros deja un cúmulo de tristeza y la sensación de que algo está degradado en la sociedad. Nada productivo se construye sobre el odio.

Frente a tanta intemperancia me volvió la esperanza al escuchar la entrevista a una niña de 13 años, quien con simpleza y aplomo decía que la sociedad necesita más respeto y tolerancia. “Es muy fácil insultar, y aunque te arrepientas después, ya no sirve, ya has herido. Debiste pensar antes”. Me sentí más feliz todavía cuando habló sobre la tolerancia. “El verdadero sentido de la tolerancia no es aguantar, es la actitud de la persona que respeta las opiniones, las ideas de los otros, aunque piense diferente. Me ha costado entender. Estoy segura que todos necesitamos respeto y tolerancia para vivir mejor”, concluyó.

Frente a tantas muestras de intolerancia, de tanto irrespeto, hay quienes entienden y buscan vivir dentro de nuevas reglas. Esas son las personas que felizmente se convierten en líderes capaces de influenciar en adultos, en adolescentes, en jóvenes, para darnos una oportunidad de reaprender a vivir sin importar la edad, la clase social, el título o la falta de él

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