Columnistas

Responsabilidad al azar

Los accidentes son accidentes, no tienen responsables,  parecen decir esas voces

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

00:05 / 30 de marzo de 2014

El Secretario General del gobierno municipal de Oruro declaró esta semana que “lo que ocurrió fue un accidente y en este tipo de hechos no hay responsables”. Se refería a la muerte de cinco personas, aplastadas por una pasarela que se desplomó sobre casi 100 personas mientras participaban en la entrada del Carnaval. De esta forma, este funcionario intenta deslindar la responsabilidad institucional que le corresponde a la Alcaldía como ente que financió, encomendó y puso a disposición de la población la malhadada pasarela.

Ya antes la Alcaldesa de la ciudad había declarado que la responsabilidad sobre la desgracia debía recaer sobre la empresa que construyó la pasarela o, en todo caso, sobre una empresa publicitaria que sobrecargó la estructura con una pantalla. A su vez, el representante de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Oruro —organizadora del evento— transfirió la responsabilidad del “accidente” sobre la Policía, por no controlar el paso de los peatones sobre la pasarela. La Policía, por su parte, derivó la responsabilidad sobre los ciudadanos que se quedaron sobre la pasarela para observar la entrada, ahorrándose así los astronómicos precios de las graderías.

Todos, sin embargo, están equivocados. El verdadero responsable de la desgracia del Carnaval es el dibujante Al-Azar, como se desprende de la multitud de voces que se levantaron desde Oruro pidiendo su cabeza. Los accidentes son accidentes, no tienen responsables, parecen decir esas voces; mientras que los dibujos sí tienen responsables y deben ser castigados con todo el peso de la intolerancia. La justicia lo exige.

Y en nombre de la justicia y la libertad de expresión, se han alzado también voces que reclaman —a evidente destiempo— que el Carnaval se suspenda, que no se baile sobre la sangre derramada. Ya al día siguiente de la tragedia el representante de las bandas folklóricas había denunciado que los obligaron a seguir tocando a pesar de la desgracia: habían cuotas, inversiones, contratos y responsabilidades de por medio. The show must go on (como dirían los gringos).

Hay también quienes alegan que el baile no es diversión sino peregrinación, y que por tanto la tragedia no era razón suficiente para incumplir la promesa de llegar a los pies de la Virgen. Se bailó llorando, recuerdan, por eso ofende el dibujo en cuestión, que parece implicar un festejo de la muerte.

En fin, con tantas idas y venidas, con tantos argumentos, tantas amenazas, tantos insultos y tanta tinta derramada, nos queda todavía la duda: ¿Dónde recae la responsabilidad por la muerte de nuestros compatriotas?

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