Columnistas

Reunificación de dos ciudades

Pese a ser dos ciudades divididas, La Paz y El Alto están entrelazadas y se nutren mutuamente

La Razón / Patricia Vargas

00:12 / 25 de julio de 2013

Después del nuevo aniversario de la ciudad de La Paz se podría afirmar, por las distintas expresiones de la población, que en los últimos años el afecto al terruño ha crecido y, con ello, las esperanzas de su desarrollo no sólo como ciudad, sino también como departamento.

El agasajo trajo obsequios como los tan mentados buses públicos (presentados a través de un modelo), el compromiso de la pronta instalación de nuevos semáforos y la inauguración de un centenar de obras. De igual manera, la ciudad de El Alto presentó este año (a través de imágenes) obras y proyectos nuevos. Dos ciudades unidas en territorio. Así, el 16 de julio motivó a visitar la urbe engalanada, llegando a la parte más alta de La Paz en conexión con El Alto.

Si bien para nadie es desconocida la densidad de edificaciones construidas en las distintas laderas, nunca deja de sorprender cómo allí los inmuebles se encuentran casi aprisionados entre sí. Lo preocupante es la falta de sitios de esparcimiento, especialmente para la población joven, que en algunos casos sólo cuenta con pequeñas plazas que no ofrecen posibilidades para el disfrute. En cambio, en otros barrios, como Alto Tacagua, la densidad de edificaciones se ve aminorada por la presencia de la naturaleza, que permite (por los quiebres verticales de los cerros) crear bellos vacíos urbanos remarcados por la proporción de sus formas. Aquéllos, sin duda, equilibran de alguna manera el estrangulamiento espacial. Y como es de esperar, los únicos terrenos aparentemente libres se ubican en la Ceja misma de El Alto, por tanto, pertenecen a otra urbe. Salta así la pregunta: ¿por qué “otra” ciudad?

Como es de conocimiento general, las dos urbes mantienen una difícil relación. Empero, la interrelación entre ambas es definitiva. Y es que basta con recordar que cientos de habitantes alteños se desplazan diariamente a la hoyada para trabajar o gestionar trámites, además de buscar ciertos servicios de educación o de salud. Asimismo, se trasladan en sus motorizados, los cuales suman casi el 70% del transporte público de minibuses de esta urbe.

De igual manera, La Paz tiene diariamente contacto directo con El Alto, porque allí se encuentra el aeropuerto. También es un paso obligado si se viaja por tierra a otros departamentos.

Además, distintas industrias se instalan en esa urbe, y sus productos son consumidos esencialmente por los paceños. Esa realidad es el escenario de una paradoja: dos ciudades divididas, pero que se nutren mutuamente, con un destino entrelazado y una dependencia que es irrefutable. Esto debiera motivar a “construir su reunificación”. Los primeros pasos de focalización de proyectos estratégicos, como son los espacios públicos, además de ser interactivos y de beneficio recreativo para las dos poblaciones, podrán convertirse en campos de fuerza y conexión simbólica. Tampoco se debe olvidar la exigencia de un desarrollo real del norte de La Paz, para potenciar económicamente al departamento.

Se entiende que todo ello no estará exento de turbulencias por lo ambicioso del paso a tomar, pero si no se reconstruye la unificación de las dos urbes, para convertirlas en una sola ciudad bien consolidada, se seguirá navegando en el pasado. El entender las ciudades y su vida urbana es construirlas y, en este caso, preparar su proyección al siglo XXI, sin “buscar absolutos”.

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