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Revolución

¿Seremos capaces de redistribuir nuestra población en nuestro inmenso y generoso territorio?

La Razón / Carlos Villagómez

01:16 / 08 de enero de 2013

Esta ciudad tuvo momentos importantes, que significaron cambios estructurales en su forma urbana, transformaciones radicales que repasaré groseramente para entendernos en un lenguaje llano y modesto.

Las conocidas como reducciones del virrey Toledo, de la colonia española, configuraron la distribución de casi todas las ciudades y poblados de Bolivia, tal cual hoy las conocemos. Fue un enorme esfuerzo de conquista que concentró a la población dispersa con fines de adoctrinamiento y saqueo. Esta ciudad, fundada en  1548, comenzó su inequidad campo-ciudad con ese pensamiento planificador.

A principios del siglo XX, La Paz se estrenaba como sede de los poderes del Estado, después de la Guerra Federal. Era la ciudad que marcaría la historia republicana y, por ello, invertimos generosamente en servicios, infraestructura y edificios públicos. Así, la oligarquía revolucionó el panorama urbano de esta ciudad.

En 1952 triunfa la revolución encabezada por el MNR y, a topetazos, se incorpora Bolivia a la modernidad. Comienza el más grande envión concentrador, y la población se reúne en tres grandes ciudades, se desestructura el campo y entramos a desarrollar lo que es común en todas las ciudades dependientes y subdesarrolladas: macrocefalia urbana (eje La Paz y El Alto), marginalización y segregación urbanas, villas miseria, desequilibrios ambientales, incapacidad de servicios básicos y un interminable etcétera de males casi irresolubles. La cereza la ponen los regímenes militares que traen, a partir de 1964, las construcciones en altura, edificios de viviendas y oficinas, con el eslogan: “Orden, paz y trabajo”, ya que esta ciudad debía “modernizarse”.

Después de este breve recuento, puedo declarar que la ciudad, tal y como se la conoce y sufre a diario, es el producto de un sistema político y social decrépito y obsoleto, heredado e impuesto, que es ampliamente rechazado en la actualidad, no sólo por el pensamiento de un urbanismo radical, sino por cualquier persona con cinco dedos de frente. Estamos hartos, aquí y en Bombay, de cómo estamos rifando nuestras vidas, hacinados y amontonados en unas cuantas cuadras como si nos faltara territorio.

Ya que vivimos un proceso de cambio, pregunto a quien corresponda: ¿seremos capaces de redistribuir nuestra población en nuestro inmenso y generoso territorio? ¿Podremos revolucionar el mapa urbano en una muestra de un verdadero cambio social y ambiental? ¿Qué nos falta para cambiar las ciudades en este siglo XXI? ¿O seguiremos metiendo plata a la concentración urbana de un modelo, capitalista y dependiente, para seguir siendo una ciudad que copia, miserablemente, las tonterías del norte?

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