Columnistas

Hacia Río Abajo

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

23:33 / 13 de agosto de 2018

Desdeñando la mediocridad política expresada en un edificio, en abominables comportamientos y en zarandeos mil, la ciudad de La Paz debe tomarse un respiro y repensar su futuro. Concebir un futuro para esta ciudad es una tarea con implicaciones sociales, políticas y regionales. Con ello en mente, debemos evaluar por qué una sociedad ha modelado su ciudad y región con tantas falencias y desequilibrios. El más nefasto, pienso, es la imparable concentración urbana, que nos pone al borde de la saturación edilicia y del colapso de nuestra infraestructura. En paralelo, el vaciamiento de nuestro espacio rural altiplánico ha generado una ciudad sin soporte agroindustrial y con una aguda tercerización de su base económica. Por ser sede de gobierno, somos una ciudad de servicios y casi todos vivimos del Estado.  

Por otro lado, nuestra ciudad vecina, El Alto, está comprometiendo nuestro desarrollo. Toda nuestra relación con el espacio nacional está condicionado por ese enorme tapón urbano que crece a la mayor tasa del país. En consecuencia, salir hacia la doble vía a Oruro, hacia el lago, o llegar al aeropuerto es una hazaña que parece no tener solución. Dependemos de El Alto para toda comunicación e intercambio de bienes y servicios, una dependencia que proyectada al futuro inmediato es una bomba de tiempo. Por todo ello, y mucho más, hemos descuidado un desarrollo planificado, articulado y ecológicamente sustentable.  

Por estas consideraciones, y con mucho ánimo integrador, rescato las ideas planteadas por arquitectos y urbanistas en el siglo XX, y celebro los esfuerzos de esta y pasadas gestiones departamentales por desarrollar una vía hacia Cochabamba por el sur. Ese nuevo eje articulador y de impacto regional abriría zonas de desarrollo productivo en valles que están perdiendo su innegable capacidad agropecuaria, ampliaría la mancha urbana hacia pisos ecológicos más aptos para el desarrollo urbano, articularía áreas de explotación diversa, formaría nuevas redes de transporte terrestre y aéreo con innovación tecnológica, y crearía un hinterland urbano y regional ecosustentable integrando nuevos espacios al desarrollo nacional. Una utopía realizable (perdonen el oxímoron) que debe ser planificada como un modelo estructurante, junto con los ejes hacia el altiplano y hacia el norte del departamento paceño.

Hoy en día los ciudadanos que decidieron ir a vivir en Mallasa, Jupapina, Río Abajo o Avircato padecen por una mísera vía que colapsa en horas pico. Con la continuación del proyecto de la autopista La Paz-Lipari (proyecto injustamente archivado) hasta Cochabamba es posible un futuro para La Paz. Caso contrario, seremos inevitablemente fagocitados.

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