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Río 2016 y ‘Fora Temer’

En cifras, las acusaciones de actos de corrupción contra los políticos brasileños son enormes.

La Razón (Edición Impresa) / Wilbert Villca López

01:12 / 11 de agosto de 2016

En Brasil se ha popularizado la consigna ¡Fora Temer! (¡Vete de aquí, Temer!), en alusión al apellido del presidente interino brasileño, Michel Temer. En cada cita de las Olimpiadas la Policía Militar de Río de Janeiro pasa apuros en aplacar amagues de choque, abucheos, pancartas y protestas en las avenidas y una incontrolable batalla en internet. Por las redes sociales circula incluso el himno brasileño con gritos de ¡Fora Temer! La indignación comenzó por la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff. En abril, de 513 diputados nacionales 367 votaron a favor y 137 en contra del juicio político (impeachment), sustentado en el Art. 58 de la Constitución. Impeachment es un término inglés que significa impedimento. Objetivamente implica la destitución, mediante decisión del Poder Legislativo, al cargo gubernamental acusado de practicar crímenes de responsabilidad contrarios a los deberes constitucionales. Incluye ocho años de inhabilitación para el ejercicio de la función pública. En esta persecución judicial contra Rousseff también se incluyó al expresidente Lula da Silva, lo que polarizó aún más al país.

En el exterior no se conoce mucho sobre la complejidad del conflicto político brasileño ni las particularidades de sus actores. En Brasil se reivindican cuestiones identitarias étnicas, corporativas sindicales, los sin techo y sin tierra, además de los movimientos negros y de género con sus diferentes corrientes, pues esta multiplicidad está conectada a movimientos popularizados mundialmente como los “occupy”. Estos movimientos, de lejos, son diferentes a los de Bolivia.

Para la defensa de la expresidenta, el impeachment es solo un pretexto de los políticos de la oposición para separarla del Gobierno. A Rousseff se le acusa de financiar programas sociales con dinero público para lograr que las cuentas fiscales cuadren; sin embargo al año siguiente devolvió ese dinero al Banco Público. Otros exmandatarios hicieron de ese movimiento fiscal algo rutinario y nadie los procesó. Rousseff no obtuvo ningún beneficio personal. Ni sus peores enemigos políticos han logrado acusarla de algún acto de corrupción. El poderoso aparato mediático insiste con noticieros sobre hechos de corrupción cometidos por el oficialismo, y selectivamente oculta hechos de corrupción mayores, también en investigación, de políticos opositores. Por ejemplo, el Gobernador del Estado de São Paulo, tildado de neoliberal, recibió donaciones de empresas constructoras por cerca de 142 millones de reales para sus campañas electorales de 2010 y 2014, en contraste con los 74 millones de reales recibidos por el PT. En cifras, las acusaciones de corrupción contra los políticos son enormes; por eso crece la indignación popular, cuyas protestas continuarán “empañando” los Juegos Olímpicos de Río 2016, dándole un toque distinto.

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