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Risoterapia

Los hombres de esta ciudad somos tan feos que convocamos a un lesbianismo colectivo

La Razón / Carlos Villagómez

01:58 / 11 de junio de 2013

Para iniciar un tratamiento de risoterapia, que nos libere del estrés y las amarguras de La Paz, una psicóloga aconsejaba empezarlo mirándonos en el espejo para arrancar con sonrisas y, consecuentemente, seguir con carcajadas. Y sí, tiene razón. Reiríamos hasta llorar porque los hombres de esta ciudad somos tan feos y desproporcionados que convocamos a un lesbianismo colectivo.

No crean que hago esta apreciación como simple mariconada o una muestra de racismo. No, es una concluyente constatación estética: somos tan feos como sapos. Todos, tanto los cobrizos de arriba como los blanquiñosos de abajo, los trabajadores de a pie como los banqueros 4x4. Somos impresentables, unos adefesios andando que vivimos, históricamente, de la condescendencia femenina. A las mujeres de esta ciudad les debemos un reconocimiento eterno, porque no es poco crear un manto de “invisibilidad”, dadivoso y desprendido, a la elocuente fealdad masculina.

Empezaré el sinceramiento. Me veo con cuerpo de marmota, patas de tordo, nariz de tapir, orejas de paquidermo, mirada de camello y cutis de Bukowski, es decir: la página consentida del Bestiario o “un animal de galaxia”. Sin embargo, tanto tú como yo practicamos una inexplicable autoestima a la hora de salir a la calle o, peor aún, en plan de conquista. No tenemos el más mínimo pudor. Incluso nos atrevemos a presentarnos en la tele para leer y comentar las noticias o para declarar “hasta las últimas consecuencias”, sin pensar de qué carota sale la verborrea. Esa autoestima, que es el machismo más opa del planeta, se apoya en subterfugios inservibles pero ingeniosos. Pensamos que el intelecto nos liberará de la condición de batracios y aburrimos a las mujeres con tesis como: “Los movimientos sociales originarios y Lacan” o “El cine de Bela Tarr bajo la óptica de Wittgenstein”. Un mínimo de ubicatex: el bla bla bla jamás será cirugía estética ni mascarilla de pepinos.

Pensamos también que el poder “embellece”, y abrazamos con pasión la vida política o el dinero. Ahí todos recordamos los ejemplares más audaces del Bestiario. Qué caritas tiene nuestro historial político o empresarial. Algunos llegaron a triunfar en el mundo del cine como ocasionales actores XXX. Otros, sumaron el poder político con grandes fortunas soñando con la fórmula: poder + $ = el más churro del pueblo. Ubicatex 2: simplemente pasan de sapos a rococos.

Sé que piensas que este es un tema banal y frívolo. No te hagas el pensador solemne y pomposo. Sigues igualito ante el espejo, y eso es crucial, porque las mujeres de esta ciudad saben que un sapo ante el espejo es risoterapia, pero medio millón caminando en las calles es ya una cuestión de Estado.

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