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Ruego al niño Manuelito

Cerca a la Navidad, que en realidad es el solsticio de verano para nosotras, es el momento en el...

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 16 de diciembre de 2012

Cerca a la Navidad, que en realidad es el solsticio de verano para nosotras, es el momento en el que desde pequeñitas nos han contado una historia, la historia tierna de una wawita pobre, friolenta, que nació en medio de animalitos; su mamá, una linda y joven madre soltera —me la imagino parecida a la Adri— que escapaba del control del poder patriarcal de su época.

La desgracia mayor de esta wawita es que luego montaron una historia de piratas y bandoleros alrededor suyo, calumniándolo de Dios, o más bien hijo de Dios, heredero del trono de Dios, ¡a ver, imagínense semejante calumnia!  Por eso lo torturaron y lo mataron a ojos y vista de sus cuates, amigos que se pasaban con él caminando de un pueblo a otro, y delante de su mami, que suplicaba y lloraba para que no le hagan semejante suplicio. Pero eso no acabó allí, lo más lamentable es que esta wawita es pretexto de muchos más sufrimientos para otras wawitas, que luego serán mujeres, seremos mujeres y que somos maldecidas por las religiones; quieren controlar y controlan nuestros cuerpos, nuestros pensamientos, nos borran de la historia, incluso de la historia que se cuenta de esta wawita de Belén, porque las mujeres formaban parte activa de sus amigas, pero claro hoy la historia es usada para someter a las mujeres a la servidumbre en las iglesias y religiones, incluso en las llamadas tercer mundistas.

Lo anterior era a propósito de que, ¡ruego al niño Manuelito que ya pues!, saquen a los derechistas y neoliberales del Gobierno, dejen de tapar y encubrir a los fachos y corruptos,  el último escándalo de la red de corrupción nos demuestra cómo desde dentro se ha estado boicoteando el proceso de cambio. Si los hermanos/as y compañeros/as, que creen en el proceso y se rajan para que éste vaya adelante, no creían que esto era posible, pues ahora no pueden negarlo, todo esto estaba y está pasando en sus narices. No se trata de meter en el mismo saco a todos y todas, pero es claro que finalizando la gestión de gobierno se debe encontrar el camino para dejar que el pueblo que apuesta por el proceso sea escuchado y le hagan caso en sus análisis, no puede la desazón ganarnos, no podemos pensar que es inútil, que son k’ullus y no escuchan, finalmente si no escuchan, pues hay que echarlos de las direcciones pues perjudican.

Quiero en este fin de año agarrar energías, agarrar más fuerzas, más claridad para seguir la lucha, quiero que el amor no me aleje de los sueños de mi pueblo, al contrario, que sea una fuerza y una energía más que me nutren en la lucha, porque es en este territorio que quiero hacer el amor, quiero en este territorio vivir y morir, no tengo otro país más que éste, y éste es el que quiero cambiar, no puedo dejar que la rabia y la desesperanza me agarren. Es Bolivia y es este proceso que me cautivan y a veces no me dejan dormir, pero también me sorprende, cuando voy por las áreas rurales y miro los cambios que la gente disfruta. ¡Hay que seguirle dando nomás!

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