Columnistas

Rulfo y el exilio boliviano

El exilio boliviano de los años 70 y 80 en México tuvo el amparo del escritor Juan Rulfo.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

00:12 / 12 de julio de 2017

El exilio boliviano de los años 70 y 80 en México tuvo el amparo del escritor Juan Rulfo, quien fue presidente del Comité de Solidaridad con Bolivia desde 1973. Marcelo Quiroga Santa Cruz impulsó la relación del gran escritor con los desterrados, a quienes ayudaba en algunos asuntos de salud, papeles o trabajo.

El 29 de octubre de 1980 una comisión integrada por Óscar Prudencio, Mario Miranda Pacheco, René Bascopé, Juan Carlos Salazar y otros tres compatriotas visitó en su casa al insigne autor de Pedro Páramo, para pedirle presidir un acto de homenaje a la resistencia boliviana y sus héroes y mártires, entre ellos a Marcelo, asesinado a tiros por órdenes del degeneral García Meza y el narcoronel  Luis Arce Gómez.

Nos dijo Rulfo que asistiría a esa cita, pero que no iba a pronunciar discurso alguno, porque nunca lo había hecho en público, que su oficio era escribir. Pasamos la tarde entre tequilas que él invitaba y supimos, entre otras cosas, que conoció a Marcelo en un encuentro de escritores en Chile, en 1966.

Sin embargo, el 17 de noviembre, día del evento, un rato antes de iniciar el homenaje, el escritor nos hizo saber que sí iba a pronunciar un discurso por Bolivia, gesto que nos halagó. En el auditorio Justo Sierra de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) había esa tarde-noche más de mil asistentes: estudiantes; académicos; trabajadores y gente notable como el argentino Héctor J. Cámpora; Pablo González Casanova; Elena Poniatowska; las viudas de Allende, de Quiroga Santa Cruz y del general Torres; decenas de exiliados sudamericanos; guerrilleros montoneros y tupamarus; y muchos artistas solidarios.

Era yo el maestro de ceremonias y presenté con mucha emoción a Rulfo, cuando ocurrió algo inusitado. Con el público aplaudiéndolo de pie, el escritor puso el papel de su escrito en el atril y se puso a buscar entre sus ropas sus lentes para leer. No los había traído. Luego de unos 10 segundos, tensos de silencio y suspenso, se acercó al micrófono y muy serenamente habló de su cariño por Marcelo Quiroga Santa Cruz y de “la tristeza por un hermano muerto (…)”. Con voz muy lineal narró luego que “una vez le dije a Marcelo que para evitar los golpes que tanto sufrimiento causan a su patria deberían hacer como en México: tener quietos a los militares dándoles dinero porque, como dijo Obregón, no hay general que aguante un cañonazo de 50.000 dólares. Claro que hoy se los dan por millones, pero se los tiene a control y (…)

Al otro día se soltó el infierno contra Rulfo. El presidente López Portillo desmintió al escritor con indignación, y peor aún los enfurecidos jefes militares. En represalia, se suspendió un homenaje de la República a Rulfo anunciado para el 25 de ese noviembre. Nadie, ningún medio, refirió que aquel crítico episodio ocurrió en un acto solidario con el pueblo boliviano bajo dictadura.

Como yapa: el 7 de enero de 1986 me llamó al diario Excélsior el médico boliviano Marcos Zambrana para preguntarme si “ese Juan Rulfo, que dicen que murió hoy, se llamaba Juan Pérez”. Le dije que sí, que se llamaba Juan Nepomuceno Pérez Rulfo. El compatriota me confió, pesaroso, que “en los dos últimos años atendí cada mes en el hospital López Mateos del Seguro Social a Juan Pérez, un viejito con enfisema pulmonar (...) y nunca supe que se trataba del gran escritor, nada menos. ¡Qué rabia, carajo!”.

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