Columnistas

Sacerdotisas

La Razón / Tribuna - Manuel Vicent

01:24 / 24 de marzo de 2013

Un día salió el papa Luciani al balcón del Vaticano, abrió los brazos hacia la humanidad y proclamó: “Dios no es padre, es una madre”. El cardenalato y los teólogos más conservadores pensaron que había perdido el juicio. Poco después este pontífice fue obligado a descubrir el verdadero género de Dios en el fondo de una taza de té muy cargado. Pese a todo, no parece que la proclama de Luciani fuera muy revolucionaria, puesto que los primeros dioses eran maternidades, figuras femeninas de abultado vientre, de donde manaba la vida y por eso fueron adoradas.

La Iglesia Católica no va a salir de la crisis hasta que no acepte el sacerdocio de las mujeres. Nada más lógico. El cuerpo de la mujer está más estructurado que el del hombre para servir de médium hacia ese sustrato misterioso de las energías espirituales, que según Jung es más profundo que el sexo, contra la teoría de Freud. En las iglesias luteranas está creciendo el número de sacerdotisas. En el templo neoclásico Vor Frelser Kirke, en Copenhague, asistí a un oficio religioso dirigido por una amiga, la pastora Hanne Bro, antigua periodista. Nunca he visto a un ser que brillara con tanta naturalidad en el altar frente a unas bancadas de hombres curtidos arrodillados ante su embrujo. Es una obtusa obcecación machista desperdiciar esa energía. Por otra parte, gracias a que las iglesias presbiterianas de Norteamérica dejaron entrar a los esclavos negros en sus capillas y les permitían incorporarse a sus cánticos tenemos hoy el góspel, el soul y el blues.

Cada año un millón de católicos de Latinoamérica se pasa a las iglesias evangelistas, mucho más cercanas a los problemas de la gente humilde. Tal vez para taponar esa sangría ha sido elegido un Papa argentino, pero será extremadamente difícil que pueda levantar el peso muerto de tanto mármol que cubre el oro de tanta inmundicia.

En un poblado de Costa de Marfil se levanta una copia exacta de la basílica de San Pedro de Roma, incluida la columnata de Bernini. Cerca hay un lago con cocodrilos, que a veces dormitan tomando el sol en las escalinatas. El interior del templo está lleno de selva cuajada de monos. Suena un órgano. La fuga de Bach puede que la toque un chimpancé reclamando que vuelva también a los fieles el dios de la naturaleza.

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