Columnistas

San Simón y su cambalache

Sospecho que ningún candidato tiene la voluntad de encarar una transformación universitaria.

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

04:13 / 03 de mayo de 2016

Cuando Enrique Santos Discépolo compuso el tango Cambalache, en 1934, estaba pensando en la descomposición moral de la sociedad (argentina) de aquella época; por esta razón, la letra subversiva de ese tango da cuenta de la miseria humana. Quizás el éxito de Cambalache estriba precisamente en el tema abordado, que ha resultado universal y aplicable a cualquier otro contexto. No es casual, por lo tanto, que el título de este artículo aluda al tango de Discépolo para explorar la crisis institucional de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) de Cochabamba, como el marco referencial insoslayable de las elecciones para sus máximas autoridades.

Estamos a pocos días de la verificación de los comicios para elegir a un nuevo rector y vicerrector de la UMSS. A diferencia de otros sufragios universitarios, estas elecciones revisten de una particularidad nada desdeñable, porque se verificarán a posteriori de una áspera movilización estudiantil que puso en vilo a esta universidad pública, y develó, entre otras cosas, la necesidad imperiosa de una reforma intelectual y moral profunda. Esa movilización estudiantil derivó en una profunda crisis, que debería haber impulsado una profunda reflexión de los actores políticos en torno a sus prácticas, persiguiendo nuevos horizontes para reformar la universidad. No fue así. Al contrario, los juegos políticos pragmáticos de los actores se revistieron aún más perversos, expresados por ejemplo en persecuciones vengativas entre los contrincantes en el decurso del conflicto. Acaso por esos juegos políticos no han trazado salidas institucionales; más aún, han mantenido a la universidad en el limbo, con un pasanaku de rectores interinos. Ninguno se animó a convocar a elecciones para restituir la legitimidad; todos calculaban en función a intereses. Nadie actuaba en favor de la profunda reforma académica que precisa la UMSS.

La reforma universitaria es un discurso vacío. Todos lo enuncian en estos días de campaña. Por los hechos, sospecho que ningún candidato, incluso aquellos que se nombran “revolucionarios”, tiene la voluntad de encarar decisivamente una transformación universitaria, pues saben muy bien que este viraje significa trastocar sus intereses corporativos. Ellos no quieren alterar el statu quo universitario, ya que se sienten muy cómodos en él. Ese statu quo privilegia los juegos de baja calaña sobre el debate académico o la investigación científica. De allí que los discursos de transformación académica de la mayoría de los candidatos suena a mero cinismo, que produce náuseas.

En el mejor escenario, quizá asistamos a un “gatopardismo”, siguiendo las huellas del príncipe Salina, personaje de la novela El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, quien representa el arquetipo de la variante cínico-conservadora del realismo político, con su principio de “algo debe cambiar para que todo siga igual”. Como dice Benjamín Arditi, esta práctica solo “es el arte de mover las piezas de manera tal que los cambios en realidad no lleguen a afectar un estado de cosas, en donde los ricos y poderosos del momento tengan la sartén por el mango”.

¿Qué nos queda? Quizás cantar el tango de Discépolo, mientras lo bailamos cual escena de un imposible por devenir: “¡Hoy resulta que es lo mismo/ser derecho que traidor!.../¡Ignorante, sabio o chorro,/generoso o estafador!/¡Todo es igual!/¡Nada es mejor!/¡Lo mismo un burro/que un gran profesor!/No hay aplazaos/ni escalafón,/los inmorales nos han igualao”.

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