Columnistas

Sangrando el bosque

Nuestros bosques, que están siendo deforestados, evitan inundaciones y sequías  y nos proveen agua

La Razón (Edición Impresa) / Karina Sauma ­

02:06 / 26 de agosto de 2014

Las áreas protegidas constituyen un bien común y forman parte del patrimonio natural y cultural del país; cumplen funciones ambientales, culturales, sociales y económicas para el desarrollo sustentable”. De esta manera están definidos estos espacios en el artículo 385 de nuestra Constitución Política del Estado. La importancia de las áreas protegidas es reconocida, además, en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD), que establece que pueden ser creadas para proteger bellezas escénicas, diversidad biológica y cultural, para investigación científica y para educación ambiental.

Con esa definición tan sublime diríamos que este “bien común” son espacios únicos, ricos en biodiversidad, a los cuales la mano del hombre no debería llegar para su destrucción, sino para preservar su riqueza y mantener sus funciones ecológicas. Sin embargo, una vez más estamos siendo testigos de la deforestación y la degradación en estas áreas. Tal es el caso del Parque Nacional y Área de Manejo Integrado Amboró, que hasta 2000 tenía alrededor de 480.000 hectáreas de bosques, de los cuales, a 2010, aproximadamente 10.000 hectáreas (2,1% de bosques) se perdieron por deforestación (datos proporcionados por la Fundación Amigos de la Naturaleza).

Estas áreas deforestadas estaban pobladas por especies forestales como la mara, madera catalogada en peligro de extinción, y cuya comercialización legal ya no existe. Para poder tener árboles de mara de 25 a 30 metros de altura pasarán más de 50 a 60 años.

Existen autoridades competentes para frenar este delito —el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), los gobiernos municipales, entre otros—, pero no se logra detener esta ilegalidad. El Parque Amboró y quienes lo cuidan no logran parar esta desenfrenada degradación, y los responsables de su deforestación no se dan cuenta de que ponen en riesgo la regulación del ciclo hidrológico, porque a través de sus funciones ecológicas,  estos bosques proveen agua a toda el área metropolitana de Santa Cruz y el norte integrado; y lo más importante es que estos ecosistemas evitan las inundaciones y sequías. Teniendo conocimiento de esta realidad, los autores de semejante delito siguen sangrando el bosque de manera deliberada y sin control alguno.

Tenemos que recordar que el vivir bien va de la mano de la conservación + desarrollo, cuidando nuestro patrimonio natural para que podamos dejar a nuestros descendientes un planeta limpio donde los que lo habitamos logremos un equilibrio entre el vivir bien y la preservación de la Madre Tierra.

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