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Secuestro anunciado

Qué pasará cuando esos centenares de peregrinos quieran regresar, y no caminando precisamente.

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

00:00 / 31 de marzo de 2013

Ciento sesenta y dos lancheros se oponen a la construcción de un puente sobre los 780 metros que separan las dos orillas del estrecho de Tiquina. Además, siguiendo una tendencia general en los transportistas del país, decidieron de forma unilateral incrementar la tarifa que cobran por transportar a los miles de bolivianos y extranjeros que necesitan atravesar el lago para ir y venir por una importante ruta turística, comercial y religiosa.  En respuesta, centenares de campesinos, que por la ausencia de ese puente se ven diariamente coartados en su capacidad de circular, de intercambiar productos y de comunicarse con el resto del país, decidieron impedir a miles de bolivianos y extranjeros la posibilidad de circular, intercambiar productos y trasladarse a un lugar emblemático del país.

En Copacabana, lugar emblemático del país por razones turísticas, comerciales y religiosas, centenas de pobladores, hoteleros, vendedores, artesanos y (curiosamente) lancheros decidieron hacer un paro cívico en oposición al bloqueo de los campesinos que se oponen a la construcción de un puente. Al mismo tiempo, centenares de peregrinos decidieron caminar de todos modos hasta Copacabana, acogiéndose a las promesas de los campesinos y los lancheros de que los dejarán pasar (y seguramente les venderán refrescos, sombreros y artesanías a su paso). La pregunta es qué pasará en la tarde del domingo, cuando esos centenares de peregrinos quieran regresar, y no caminando precisamente. (Escribo esta nota en viernes, así que esta historia está aún en desarrollo).

Los peregrinos, muchos menos que años anteriores, de seguro, están a esta hora asistiendo a misa, paseando en bote en el lago, comiendo trucha, o despertando de la borrachera de anoche. Los centenares de hoteleros, vendedores y artesanos de Copacabana están tratando de hacer el mejor negocio posible con ellos, quizás tratándolos con menos desdén y avaricia que en años anteriores. Los 162 lancheros de Tiquina están firmes, o lo firme que se pueda estar sobre una precaria lancha que se balancea sobre un lago agitado. Han cobrado Bs 2 por cruzar a los peregrinos hacia Copacabana, y están esperándolos para cruzarlos de vuelta mientras comentan que sólo se construirá un puente en ese lugar usando sus cadáveres como argamasa. Las centenas de campesinos que piden un puente están firmes en sus puntos de bloqueo. Dejaron pasar a los peregrinos, claro, porque caminaban. Ahora que quieran regresar en vehículos, será cuando realmente comience la batalla. Hasta las últimas consecuencias. Como todo en Bolivia.

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