Columnistas

Seguridad energética vs. inseguridad climática

Ante el desastre de Filipinas, empresas  y gobiernos envían vituallas para limpiar su conciencia

La Razón / Gabriel Loza Tellería

01:13 / 16 de noviembre de 2013

Cuando uno, por un lado, lee el informe sobre las perspectivas de la energía mundial para 2035 de la Agencia Internacional de Energía (IEA) y, por otro, observa espantado el reciente desastre natural en Filipinas, se pregunta por qué no se ponen de acuerdo en un solo evento países y empresas para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y así tratar de proteger en algo nuestro desgastado planeta.

En su informe, la agencia habla maravillas sobre el espectacular crecimiento de la demanda de energía primaria de gas, carbón, renovables, petróleo y energía nuclear; y agrega que el petróleo va a seguir en un periodo sostenido de altos precios. Y en este entorno maravilloso, los países pugnan por aumentar como sea sus volúmenes de producción de fuentes convencionales, y —en forma casi similar— de las fuentes no convencionales, como el desarrollo del gas de pizarra que se extrae de la fracturación hidráulica de la roca, método conocido como fracking. En este contexto, después de casi 20 años, EEUU produce más petróleo del que importa y, según la IEA, para 2035 dejará de importar crudo y será el mayor exportador de productos de petróleo del mundo. Ya para 2015 desplazará a Rusia del primer lugar como productor de gas del mundo.

Es así que EEUU, el aparentemente abanderado del libre comercio, está cumpliendo sus objetivos de seguridad energética. En 2012, con motivo de las elecciones, la BBC señaló que “la independencia energética es vista por Obama y Romney como crítica para la seguridad nacional. La reducción de importación de petróleo extranjero combinada con una expansión en la producción nacional es una estrategia común”. Por tanto, pasaron de depender de los carteles de la OPEP a depender ahora de los carteles de las grandes empresas petroleras que financian sus campañas presidenciales.

Pero lo que no cuenta el informe de la IEA es que el espectacular incremento de petróleo y gas se debe al proceso generalizado en EEUU de inyectar agua a presión en la roca de esquisto para liberar el petróleo o gas que contiene. No les vale las preocupaciones ambientales, como la contaminación del agua, la filtración de metano e incluso los temblores causados por la perforación, como señalan los críticos y también el documental (que aconsejo ver) de HBO sobre el fracking.

Lo que sí menciona el estudio es que las emisiones acumuladas de energía relacionada con las emisiones de CO2 subirán un 33% hasta 2035, pero la culpa es de los países que no son de la OECD. Sin embargo, los principales países desarrollados como Canadá y EEUU no han querido continuar con el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, dejándolo  en suspenso. En el marco de Naciones Unidas los países acordaron reducir un 5% las emisiones de gases de efecto invernadero, entre ellos el CO2. El Protocolo fue inicialmente adoptado el 11 de diciembre de 1997 en Kioto, Japón, pero entró en vigor recién el 16 de febrero de 2005. En noviembre de 2009, eran 187 los Estados que ratificaron el acuerdo, no obstante EEUU, el mayor emisor de gases de invernadero mundial, no ha ratificado el protocolo y Canadá, su vecino, decidió abandonar su ratificación.

Ahora, ante el desastre “natural” de Filipinas, provocado por el hombre, las empresas y los países se desgarran las vestiduras y envían vituallas para limpiar la conciencia ennegrecida de dióxido de carbono. Lo que se dice la doble moral, pero a mi modo de ver es la ausencia de moral con la humanidad y con este planeta que de un color azul en el firmamento terminará negro de contaminación.             

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