Columnistas

Selfiemanía

El selfie, aunque nos duela a los hombres que lo practicamos, es una revolución fotográfica femenina

La Razón (Edición Impresa) / Elvis Vargas Guerrero

00:02 / 17 de septiembre de 2014

La columna es el selfie periodístico, una reliquia que llegó a convertirse en un subgénero literario; aunque para muchos las columnas siguen siendo cosa de gente que les gusta ponerse el pellejo del mundo, hablar de sí y para sí mismos. Escribir una columna siempre fue un privilegio elitista. En estos tiempos en que el papel muere, el futuro de la columna aparece en la marginalidad mediática, porque no es interactiva.

Al otro lado, en la cultura de masa aparece la selfiemanía, ese síndrome que afecta a más de la mitad de la población mundial. No es elitista, pues pueden practicarla quienes poseen un teléfono móvil. Surgió en las redes sociales, recuerdo que en 2007 o quizás en 2009 como una moda, el andar fotografiándose los pies. Patitas al cielo, con las olas del mar, con fondo de guijarros, flores e incluso con la bandera nacional. Hasta que los mero machos estigmatizaron esa actividad como un mal hábito del fetichismo femenino, porque a ellas socialmente les impiden mostrar otras partes. Yo creo que este afán pseudoartístico es un recurso lúdico: las diosas descubren sus pies para complacer a sus esclavos.

Y en ese cachondeo universal de las redes sociales es que ellas se fueron comportando cachondas: fotografiarse los tatuajes, la espalda desnuda, lo que comieron, bebieron y ante el pedido de las bases: mostrar el rostro. El selfie, aunque nos duela a los hombres que lo practicamos, es una revolución fotográfica femenina. Una muestra del creciente rol asumido por las mujeres en la creación cultural.

El selfie es solo posible dentro de las redes sociales. No está destinado a guardarlo, sino para compartirlo. Hay que tener coraje para eliminar los límites de la autoestima, detestar la anonimidad del contraluz y mostrarse en primer plano. El mundo se convierte en nuestro fondo. El paisaje solo es bello si está detrás nuestro. La pose es esencial, hasta el más feo intenta aparecer bonito. ¿El selfie nos hace narcisistas? ¡Sí, por supuesto! El selfie hace al narcisismo democrático. Nos ayuda a relajarnos en ese voyerismo colectivo. Como el mensaje de Obama transmitido a nivel mundial la semana pasada, donde él aparece con una pinta de líder que solo Hollywood puede crear. Él intentó hacer reflexionar a la gente sobre los peligros del Estado Islámico, y la gente se puso a reflexionar sobre su traje. Es que a todos nos gusta ver y retratar las cosas en su nimiedad más divertida. Y el selfie es una hermosa tontería. Las infinitas tonterías son más complejas, más creativas, más de nosotros mismos que la encajonada, aburrida y limitada inteligencia con la que socialmente quieren que nos reflejemos.

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