Columnistas

Seminario de Cali y los indígenas del CRIC

Es notable la defensa centenaria y encarnizada de los indígenas colombianos por su territorio.

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:00 / 07 de diciembre de 2014

Hace dos semanas estuve en Cali, Colombia, en un seminario internacional sobre estadísticas étnico-raciales recientes en América Latina. Cubrió en mesas paralelas la temática indígena y afro, con mayor énfasis en la última, por las características mismas de Colombia y de Cali, la ciudad anfitriona. Es la capital del departamento Valle del Cauca y ahora ya es la tercera área metropolitana de Colombia (después de Bogotá y Medellín) con entre dos y tres millones de habitantes (26,2% afro). Participaron conferencistas, ponentes y observadores de más de diez países y tres continentes, y sobre otros países se dieron datos en diversas ponencias. Haití fue el gran ausente. La mayor presencia fue la del anfitrión Colombia (con académicos y movimientos sociales), seguida de México, Perú y Brasil, debido a que el seminario estaba coauspiciado por Project on Ethnicity and Race in Latin America (PERLA), realizado durante cinco años en esos cuatro países; su flamante síntesis en inglés (Pigmentocracies, 2014) fue presentado en este seminario. Pronto dedicaré una columna especial al tema.

No obstante aquí me fijaré solo en los indígenas locales que tuvieron también una muy buena participación en el seminario, incluyendo el excelente manejo de sus propios censos. Están en el nordeste del vecino departamento del Cauca, apenas dos o tres horas al sur de Cali. 

Pertenecen a varios grupos ahora relativamente cercanos entre sí, entre los que predominan los nasa. Con casi 200.000, es el segundo grupo indígena del país (superado solo por los wayú en el Caribe, que son 270.000 en Colombia y cerca de medio millón con sus vecinos en Venezuela).

Desde principios de la Colonia, pelearon por sus territorios o “resguardos”, con líderes como la cacica Gaitana a principios de la Colonia y, poco después, Juan Tama, hasta el incansable Manuel Quintín Lame (1880-1967), un “terrajero” (pongo de hacienda) que en 1901 fue reclutado para ir a Panamá (por entonces arrancado de Colombia por Estados Unidos), donde recién allí aprendió a leer y escribir. Desde entonces su vida fue una odisea de gestiones legales, movilizaciones de masas y encarcelamientos para recuperar resguardos y la autonomía indígena sobre todo por el Cauca y Tolima, hasta su tardía muerte ya de 87 años y con una larga cabellera blanca. Dejó de su puño y letra bellos escritos a partir de 1924 y publicados de manera póstuma como —entre otros— Las luchas del indio que bajó de la montaña al valle de la “civilización” (Bogotá 1973).

En 1971 se formó allí el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), punta de lanza de la futura Organización Nacional de Indígenas de Colombia (ONIC), creada en 1982. El CRIC fue también salpicado por las guerrillas, de larga y compleja historia en Colombia. Entre 1974 y 1991 formó su propio Movimiento Armado Quintín Lame con indígenas y apoyos no indígenas en reacción a las centenas de víctimas (una de ellas el muy venerado Padre Álvaro Ulcué Chocué) sobre todo por parte de las fuerzas represivas y grupos armados informales como “Los Pájaros” al servicio de patrones y terratenientes. Pero negociaron con el presidente Gaviria en vísperas de la Asamblea Constituyente de 1991, que incluyó tres asambleístas indígenas y concesiones pioneras a los indígenas, aunque después poco se cumplió. Pese a drenajes por su emigración a ciudades, es notable la defensa centenaria y encarnizada de su territorio y sus esfuerzos para desarrollar su propia organización y sistema educativo. 

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