Columnistas

Sepulcros blanqueados

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

01:25 / 16 de noviembre de 2014

Cada vez resulta más claro que la violencia de género no es un hecho casual, fortuito o de mala suerte de las mujeres a quienes les tocó una pareja violenta. La violencia hacia las mujeres es un hecho estructural; o sea, que la sociedad se cimienta para su funcionamiento opresor sobre la violencia hacia las mujeres. El patriarcado capitalista, colonial y neoliberal necesita matar, golpear, torturar, disciplinar a las mujeres para que todo el orden establecido de poderes, jerarquías, explotaciones, discriminaciones y opresiones funcione.

El Estado, en tanto y cuanto no tenga políticas públicas claras, contundentes y con presupuesto asignado, es responsable de este genocidio hacia las mujeres, hoy denominado feminicidio. Creo por cierto que en algunos sectores del Gobierno hay voluntad política para este cometido. Sin embargo no podemos hablar lo mismo de las iglesias cristianas, donde está incluida la Católica. Las iglesias son instituciones que se dedican a fomentar la violencia hacia las mujeres desde sus propios principios patriarcales y machistas, expresados en teologías que cotidianamente son echadas como látigos sobre las cabezas de las mujeres; sus homilías dominicales son parte de este trabajo político ideológico permanente de someter a las mujeres a los designios de los hombres, empezando con Dios que también es hombre.

Las iglesias se esfuerzan en pregonar la minusvalía de las mujeres, a quienes, según ellos, hay que tutelarlas, pues se presume su inmoralidad a causa del pecado original. Las mujeres para las iglesias cristianas somos infantiles, no razonamos y estamos gobernadas por la voluptuosa naturaleza; no somos responsables de nuestros actos. Por eso los hombres, padres, maridos, hijos, que son la razón y la ley, deben controlarnos y tutelarnos y nosotras obedecer.

Estas mismas iglesias, que pregonan la sumisión de las mujeres a los hombres, opinan sobre el Gobierno y las políticas del Estado hipócritamente, diciendo que no hacen política, que solo defienden al pueblo, la democracia y las buenas costumbres; estas mismas iglesias decían que no había esclavitud entre nuestros hermanos y hermanas guaraníes en el Parapetí. Estas mismas iglesias son las que manejan grandes cantidades de dinero sin control del Estado; y a título de obras sociales, caritativas hasta lavaron dinero de las armas para paramilitares en Nicaragua, con el Banco di Santo Spirito en Roma. Hoy estas iglesias piden al Gobierno boliviano rebaja casero, no quieren pagar los derechos de los y las trabajadoras, pretenden además amenazar con cerrar sus obras. ¡Qué las cierren! Así dejan de manipular a la gente que asiste a estas llamadas obras sociales; así el Estado Plurinacional, que hoy según los datos macroeconómicos tiene mucha plata, comienza de una vez a invertir en la gente y en el vivir bien, real, poniendo en práctica y dándole sentido al Estado laico de la nueva Constitución. Sin dioses en el cielo, ni patrones en la tierra.

 

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