Columnistas

La Sierra Maestra está de duelo

Desde Santiago de Cuba hasta Miami, nadie ha quedado indiferente ante la muerte de Fidel.

La Razón (Edición Impresa) / Alain Mesili

01:18 / 15 de diciembre de 2016

A los 90 años, el hombre que partió de la Sierra Maestra a la conquista del sueño latinoamericano expiró tras una vida consumada por éxitos y reveses. Antes de él, muchos barbudos, nombre otorgado a los combatientes que lucharon contra Fulgencio Batista, se desvanecieron de vida a muerte, configurando el imponente panteón patrio; y Fidel ahora ingresa en él.

Muchos lo respetan o lo quieren; otros pocos, lo maldicen. Desde Santiago de Cuba hasta Miami, pasando por toda América del Sur, nadie ha quedado indiferente ante su muerte. Se han escrito miles de artículos y cientos de libros sobre su vida y su obra, algunos malos, otros bastante buenos y muy buenos. También ha inspirado coplas y canciones.

Mientras, renegados, mitad cubanos mitad siameses, disfrutan esa muerte en el café Versailles y en la famosa calle 8 de Miami. La diáspora cubana en EEUU baila, aplaude y celebra con creces la defunción del imperecedero; salivan cervezas, escupen polvillos de habanos evocando entre risas una victoria que ni siquiera les pertenece, sino que es resultado del paso del tiempo. ¿Qué han hecho ellos y qué no ha hecho Fidel? Al contrario de aquellos, no lo dude, el líder de la Revolución cubana ha entrado en la memoria colectiva. De los gusanos a los marielitos, apenas si sus hijos parlotean español, muchos convertidos en soldados cayeron en guerras ajenas: Irak, Afganistán.

El hombre tachado de dictador sobrevivió a 637 atentados; le acosaron la vida con proyectos de mil muertes. En 2008, en un artículo, Eduardo Galeano escribió: “Su energía contagiosa ha sido decisiva para transformar una colonia en patria, y que ello no fue por brujería de Mandinga ni por el milagro de Dios que esta patria nueva pudo sobrevivir a 10 presidentes de Estados Unidos cuyos cubiertos eran puestos por la cena. Y sus enemigos no dicen que Cuba es uno de los pocos países que no participa a la copa mundial de vasallos”. Sintiendo la sombra de la muerte aproximarse, el 19 de abril de 2016, ante el séptimo Congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro anunció: “Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me había ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho de azar”.

La lacónica expresión del electo presidente de Estados Unidos en su cuenta de Twitter y su posterior declaración al respecto hacen gala del desconocimiento de Trump de la historia cubana; su razón anacrónica olvidó el carácter coercitivo de su país en la relación con el mapamundi. Tal percepción le hace olvidar quién impuso el embargo económico, político, social y financiero internacional contra la isla mayor de las Antillas, hasta adquirir rango de ley (Cuban Democracy Act), el bloqueo más largo de la historia moderna. Recuérdese lo que afirmó el Subsecretario Adjunto de Asuntos Interamericanos de EEUU en 1960: “El único medio es objetar la entrega de créditos, de aprovisionar Cuba en sus necesidades con el fin de disminuir salarios reales y monetarios, provocar el hambre, la desesperanza, para así lograr el derrocamiento del Gobierno”.

¿Quién contraviene el derecho a la soberanía de cada nación consignado en la Carta de las Naciones Unidas? ¿Acaso el bloqueo contra Cuba no constituye un acto despótico? Veinticinco años después del derrumbe de la Unión Soviética, Estados Unidos, en pleno siglo XXI, continúa sancionando las diferencias políticas al consenso de Washington.

No hay grandes gobernantes exentos de equivocaciones y errores, pero vale la oportunidad para preguntar a los distinguidos demócratas e impulsores de “ayuda humanitaria”, ¿quién tiene mayor responsabilidad sobre el destino de la humanidad, Cuba o Estados Unidos? La Sierra Maestra está de duelo.

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