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Significado religioso del Carnaval

El Carnaval es una festividad eminentemente cristiana y contenía un profundo sentido teológico

La Razón / Ramiro Prudencio Lizón

02:30 / 15 de febrero de 2012

En estos días en que se mantiene una fuerte tensión política en el país, es importante destacar la fiesta de Carnaval que ya se aproxima, porque ella no sólo servirá para calmar los ánimos políticos, uniendo aunque sea momentáneamente a todo el pueblo boliviano, sino también para incentivar una industria mal comprendida y muy mal protegida por el Estado, como es el  turismo.

Ese espíritu festivo de unión y fraternidad era lo que la Iglesia cristiana propugnaba en los inicios del Carnaval durante la Edad Media. Su deseo era que toda la población de una ciudad participara de la fiesta sin distinciones de clases ni de sexo. Porque al contrario de lo que se cree comúnmente, el Carnaval es una festividad eminentemente cristiana y contenía un profundo sentido teológico.

En efecto, para la Iglesia, el hombre es ontológicamente un ser pecador por llevar en su interior el pecado original. Y esta condición ocasionó que se eligiese alegóricamente los tres días anteriores a la Cuaresma como símbolos del triunfo del pecado. Por este motivo, el Carnaval comienza el domingo de quincuagésima, prosigue el lunes y martes de carnestolendas, y  finaliza el miércoles de Ceniza, primer día de la Cuaresma, donde el pecador debe iniciar su arrepentimiento.

Pero como el hombre no sólo es pecador, sino reincidente, la Iglesia señalizaba este hecho permitiendo que el primer domingo de Cuaresma se reanudara el Carnaval. Ese día se recuerda, además, las tentaciones que sufrió Jesucristo por parte del demonio y se lo denomina Domingo de Tentación. Es decir, que el mismo Cristo estuvo al borde del pecado.

Pero, naturalmente, por su extraordinaria fe supo vencer las demoníacas seducciones. Luego del Domingo de Tentación, continúa la Cuaresma, en la cual el hombre cristiano debía efectuar una vida de contrición con ayunos y abstinencias hasta llegar a la Semana Santa y, por último, al Domingo de Resurrección, donde finaliza la Cuaresma y comienza la liturgia del triunfo de Cristo.

El Carnaval surgió en Italia y tuvo su época de esplendor entre el Renacimiento y el siglo XVIII. Se caracterizaba por el uso de disfraces y máscaras, lo cual servía para que varones y mujeres pudiesen alegrarse y desbordarse con mayor libertad. Los pecados que en ella se ensalzaban eran comprensiblemente los más naturales, y teológicamente, los menos graves: la gula y la lujuria. Con el protestantismo, el Carnaval quedó enérgicamente censurado, ya que fue calificado de diversión pagana. Por ello, en la mayoría de los países europeos donde primó la Reforma ha quedado extinguido.  Pero continuó la festividad en el orbe católico.

Al continente americano, el Carnaval llegó con la conquista española y portuguesa. Posteriormente se fue mezclando con las tradiciones vernáculas ya cristianizadas. Pero en la actualidad, el Carnaval se está extinguiendo en la mayoría de los países americanos. Mientras que en Bolivia, país más tradicional, fue evolucionando hasta constituirse en un acontecimiento típicamente nacional. Además, aquí se ha mantenido en general, su esencia cristiana, ya que la gente hace promesas a la Virgen para bailar. Aparte de ser una fiesta tradicional en el país, y por tanto, muy digna de ser mantenida, el Carnaval ha demostrado que puede ser asimismo una fuente de riqueza. Es el caso del Brasil, donde su Carnaval carioca se ha convertido en un foco turístico a nivel mundial.

Guardando las proporciones, en Bolivia se podría hacer otro tanto. El Carnaval de Oruro, que cada año tiene mayor extensión, podría devenir también en un importante centro turístico del continente. Se podrían explotar también los carnavales de Cochabamba, Santa Cruz, Tarabuco y Tarija. De esta manera, amén de ser un esparcimiento para nuestro pueblo siguiendo los parámetros del cristianismo, de buscar la unión y fraternidad entre los seres humanos, el Carnaval serviría para incentivar el turismo y constituirse con ello en un significativo ingreso para el país.

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