Columnistas

Sigo indeciso ante el referéndum

No me fijo mucho en las razones plebiscitarias que se fijan en lo que el referéndum no pregunta

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:00 / 14 de febrero de 2016

A una semana del referéndum, sigo indeciso. “Ni sí ni no, sino antes bien, todo lo contrario”, dijo hace años un presidente de México. Si se aceptara la tercera opción “¿Cómo será ps?”, tal vez acabaría votando por ella. Tengo a muchos amigos que votarán Sí y otros muchos que votarán No, cada uno con sus razones más o menos sólidas. Por otra parte, no debemos convertir el referéndum constitucional del 21 de febrero en un plebiscito sobre las actuales autoridades, dado que faltan casi cuatro años para las próximas elecciones, cuando recién se deberá implementar su resultado. Por lo mismo, tampoco me fijo mucho en las razones plebiscitarias que se fijan en lo que el referéndum no pregunta. Todas giran en torno a reacciones sobre el Gobierno actual, por ejemplo, comparando qué pasaba antes y después del ascenso de Evo y Álvaro al poder. No dudamos que hay grandes diferencias en muchos ámbitos, sobre todo en términos cuantitativos, como Evo ilustró abundantemente en su discurso de casi seis horas el 22 de enero.

Si acabo votando por el Sí, más allá de un juicio global, me pesará mucho la necesidad de asegurar continuidad en la estrategia de Evo en la cuestión del mar. Hay que dar continuidad a una política de Estado que trascienda tal o cual gobierno. Y en este caso es ejemplar la forma en que Evo ha catalizado fuerzas incluyendo a expresidentes como Carlos Mesa y Eduardo Rodríguez Veltzé. El primero, como vocero general de la posición boliviana a nivel mundial, respetándose sus mutuas discrepancias políticas, como sobre el mismo referéndum. El segundo es nuestra voz principal en el tribunal mismo de La Haya, con un trabajo menos visible, pero sin duda fundamental. Al no tener aún el perfil del posible sucesor, opto por lo ya conocido.

Si a la postre voto No, mi razón fundamental será para urgir al MAS a que haga lo que nunca ha tomado en serio, que es preparar reemplazos más jóvenes.

Tendremos tres años largos para seleccionarlos y prepararlos. ¿Se imaginan nuestros apuros si Evo y Álvaro sufrieran un accidente, algo siempre posible con su agitada agenda? No soy fanático de un recambio automático después de 10 años; pues hay buenos contraejemplos históricos. Pero el poder absoluto corrompe; y engolosinarse con el poder favorece a la corrupción. En mi opinión, el sucesor ideal debería seguir siendo indígena campesino. ¿Tal vez finalmente mujer? Evo y Álvaro deberán seguir muy cercanos, pero en otros roles. Correa en Ecuador y Mujica en Uruguay nos han dado buenas señales.

No me impresionan mucho los temores de que, desde la sombra, sigan complotando figuras como Carlos Sánchez Berzaín o Manfred Reyes Villa, aunque tras los recientes reveses de la izquierda en otros países cercanos como Argentina, Venezuela y, a otro nivel, Brasil, llevan sin duda a la derecha internacional a fijar también los ojos en Bolivia.

Más me preocupa lo que ocurrirá en lo inmediato con la época de vacas flacas en los precios de hidrocarburos y minerales. Hay que tomar también muy en cuenta los compromisos hacia una energía limpia alternativa tras la histórica reunión del COP21 en París. Por suerte, nuestro gas es mucho más limpio que el petróleo para un periodo de transición; pero, a la larga, si avanzamos hacia energías alternativas, tal vez lo más estratégico para Bolivia será el litio, como el (y tan nuestro) gran acumulador de energía eléctrica, generada de una u otra fuente.

Es antropólogo lingüista y jesuita.

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