Columnistas

Silvia Rivera Cusicanqui

Silvia siempre ha defendido con pasión la creatividad y autonomía de sus análisis y propuestas

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:05 / 23 de noviembre de 2014

El miércoles 19, nuestra colega y gran amiga Silvia Rivera recibió el bien merecido premio nacional del PIEB por su larga y polifacética trayectoria y compromiso por unas Ciencias Sociales a favor del país, del continente y del mundo, con un estilo siempre muy personal y creativo.

Recuerdo bien hasta ahora cuando hacia 1975 recibí en el incipiente Cipca, del que entonces yo era el primer director, la visita conjunta de dos inquietos estudiantes de sociología de la UMSA: Silvia Rivera y Godofredo Sandoval, otro personaje de reconocida trayectoria, por vías más institucionales. Les preocupaban las pocas posibilidades que la universidad les daba para realizar investigaciones frescas sobre la realidad nacional y desde entonces empezó una relación cercana pero independiente que dura hasta hoy.

Fruto de aquel primer contacto fueron diversos viajes por el campo. Recuerdo una semana por Pacajes, de donde surgió la amistad de Silvia con alguien a quien yo ya conocía como catequista y cuya larga trayectoria como autoridad originaria ella fue descubriendo y develando después. Por aquella región estaban también los ancestros de la propia Silvia: los caciques Cusicanqui (Kusi Kanqi) de Calacoto.

Con ella he coincidido también en varias ocasiones cuando estuvo en el exilio. Le gustaba escaparse de la ciudad y vivir más bien en áreas rurales. En México, la pesqué en Cuatla, área de Emiliano Zapata, no lejos de Cuernavaca. En Colombia, en una comunidad rural bastante más allá del aeropuerto; en el Cinep (una especie de Cipca colombiano) la recuerdan con mucho aprecio, por la historia de ANUC que entonces hurgó y escribió para entender sus complejidades y divisiones.

Silvia siempre ha defendido con pasión la creatividad y autonomía de sus análisis y propuestas, muy sensibles a lo femenino y materno, sin querer anclarse en las modas, las divisiones por áreas académicas ni otras convenciones. Resalta los procesos históricos, con su combinación de novedades y la terca persistencia de lo previo, con sus adaptaciones o camuflaje... Desde el barrio y colectivo popular de La Paz en que ahora participa, diría: ch’ixi: gris, en su sentido aymara de entrevero de colores; y, de ahí, también, de visiones.

Años atrás participó activamente en el nacimiento del PIEB, bajo los auspicios del célebre ministro holandés de desarrollo internacional Pronk; vio incluso una clara señal positiva en el sol cuando se conformó el primer Consejo del que formaba parte. Pero pronto renunció para dar más rienda a sus propias prioridades y solidaridades.

Ha estado muy ligada a la UMSA, donde apoyó el Taller de Historia Oral Andina (THOA), que recibió también años atrás el otro Premio que otorga el PIEB, no a personas sino a instituciones. Su intuición allí fue haber despertado o fortalecido en jóvenes aymaras de diversas disciplinas ese interés por investigar sus propias raíces. Testigos son, entre otros, María Eugenia Choque, Esteban Ticona y Roberto Choque Canqui.

Ha incursionado también en otros muchos ámbitos: ha sido pionera internacional en los estudios de sociedades “subalternas”, ha hecho cine y video, ha producido ella misma derivados alternativos de la hoja de coca...

Acabaré con una anécdota simpática: mientras ella disertaba en el centro Portales de Cochabamba, de repente su hijita, sentada en unas gradas, le gritó: “¡Mami, quiero hacer pis!”. Yo, que estaba debajo de las gradas, me retiré prudentemente.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia