Columnistas

De Simeón el Estilita al General Invierno

Para el modelo socioeconómico gubernamental, hoy el General Invierno es el ‘General Economía’.

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:10 / 16 de enero de 2018

Abusaré de mis lectores con dos referencias históricas que me servirán para argumentar. Simeón (o Simón) el Estilita fue un santo asceta cristiano de los siglos IV y V, famoso por penitenciar 37 años en una pequeña plataforma sobre una columna a 17 metros del suelo para evitar las tentaciones humanas. Como muchos ermitaños y anacoretas de esa época, buscaba purificar su alma negándose, absteniéndose, de los placeres materiales.

El General Invierno fue, para el hasta entonces invicto Napoleón Bonaparte, el enemigo que derrotó su Grande Armée cuando invadió Rusia en 1812. Era el inclemente invierno ruso, que “ataca” con muy bajas temperaturas y dificultades al transporte. Más de un siglo después, la Alemania nazi atacó a la Unión Soviética en 1941, pero las fuerzas soviéticas, con ayuda del General Invierno, las derrotaron definitivamente en 1943.

¿Por qué estas dos supuestas digresiones? La imagen de San Simeón en su alta columna, magistralmente recreada en la película Simón del desierto de Buñuel, me ayuda a explicar los conflictos que han venido sucediendo en los últimos tiempos y, sobre todo, el actual, en ascenso. Me es manifiesto que el poder del Estado (el Ejecutivo, con los demás órganos cooptados) piensa y actúa desde una visión vertical que, desde arriba de “su columna”, manda y homogeniza la sociedad y la divide en los “adeptos” (atribuyéndoles constituir “el pueblo”) y “opositores” (“la derecha”). Y tiende a olvidar que la sociedad no es tan manipulable y que las descalificaciones (maniqueas siempre y ramplonas las más de las veces), más que mellar al destinatario, actúan regresivamente. Me pongo a pensar ahora en los apologetas de la justedad del Art. 205 del nuevo Código Penal qué pensarán luego de que el Gobierno se apresuró en hacerlo derogar. Hoy, la discusión política, porque más allá del descrédito que puedan tener sus actores partidarios —la política, expresada desde Platón en La República, Político y Las Leyes, es la vía para alcanzar el bien común y el mecanismo para resolver pacífica y razonablemente los conflictos mediante el diálogo consensuado— es de urgente necesidad, sobre todo porque la actual oposición a las imposiciones verticalistas viene de la sociedad civil, despojada de partidismos con los partidos como actores (lamentablemente) desacreditados y en regresión.

Para el modelo socioeconómico e ideológico gubernamental de Bolivia, hoy el General Invierno es el “General Economía”. Fuera de aquellos que propagan que el éxito económico del docenio es consecuencia única del modelo, no creo que haya muchos que duden que la coyuntura de altísimos precios internacionales de nuestros commodities (gas, soya, minerales) fue la principal causal del boom de crecimiento económico y alto PIB registrados entre 2008 y 2013 (6,1 y 6,8%, respectivos, según el Banco Mundial), decreciente desde 2014, pero aún expectable en la región.

La apuesta gubernamental por la subida de los precios del petróleo (muy leves el año pasado y con escasas recuperaciones coyunturales), su influencia en el del gas (moderada, por la falta de descubrimientos, la negociación de nuevos contratos de exportación a Brasil y por el take-or-pay adeudado del actual), y por la incidencia del consumo interno (un driver de desarrollo y estabilidad económica según la visión que desarrolló el exministro Luis Arce Catacora) van, precisamente, a intentar morigerar al “General Economía”. La medida de éxitos en ambos empeños y el bajar de la columna condicionarán la estabilidad del modelo; lo que podría suceder, muy probablemente, en 2019.

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