Columnistas

Siria III

Crisis humanitarias han habido muchas, y no todas han merecido la belicosa atención de EEUU

La Razón / Contrabajeando - Pablo Rossell Arce

00:00 / 15 de septiembre de 2013

Si las segundas partes son malas, se espera que las terceras sean peores. Pero, como excepción que confirma la regla, esta columna tiene el privilegio de tratar el espinoso tema de la crisis siria con un pequeño, pequeñísimo atisbo de esperanza (no se puede confiar en gente que porta misiles como quien porta su maletín para ir a trabajar).

El ataque a Siria por parte de EEUU (con el obsecuente apoyo de Hollande) no se produjo. No gracias al gobierno de Obama, sino a pesar de él. El secretario de Estado, John Kerry, cometió un desliz al aseverar, en una entrevista a los medios, que la única manera de detener el ataque a Siria sería que Al Assad entregue “de inmediato” todo su arsenal de armas químicas. Un día más tarde, Rusia armó un trato mediante el cual Al Assad, con la mejor voluntad del mundo, se comprometió a entregar sus armas químicas. Acto seguido, Siria se compromete a suscribir la Convención de las Naciones Unidas sobre prohibición de armas químicas.

Varios puntos de vista se han manifestado luego de que la —hasta el momento— exitosa iniciativa rusa se pusiera en acción: Chomsky, por ejemplo, y otros pensadores igual de lúcidos creen que la movida rusa le da aire a la administración de Obama y le permite evitar un bochorno, pues no ha logrado un apoyo consistente de la “comunidad internacional” (y eso que la comunidad internacional abarca a un grupo bastante grande de llunkus de EEUU); porque tiene a su propia población en contra de la opción de la guerra y porque incluso la tiene difícil para lograr el apoyo de su propio Congreso.

Por otro lado, los guerreristas a ultranza se rasgan las vestiduras reclamando que Obama, al no bombardear Siria, se pone al lado de los intereses de Putin; que Assad que se sentirá más confiado y fuerte; que la inacción estadounidense fortalece también la posición de Irán, que la “credibilidad” de EEUU está en juego y, consecuentemente, los viejos buenos aliados israelitas se ven ahora más amenazados que antes. Como telón de fondo, los guerreristas usan el argumento de la inaceptable crisis humanitaria que vive Siria.

Crisis humanitarias han habido muchas, y no todas han merecido la belicosa atención de EEUU; la guerra civil de casi una década en Sierra Leona, la crisis humanitaria de Timor Oriental cuando quiso independizarse de la invasión indonesia y, más recientemente, la cifra récord de medio millón de desplazados en la República Popular del Congo son ejemplos de crisis humanitarias que no hacen rasgar las vestiduras al stablishment estadounidense. Regresando a Chomsky, el concepto de crisis humanitaria se ha redefinido y, hoy en día, se refiere únicamente a las situaciones que afectan a los ricos y poderosos.

Lo que se ha evitado momentáneamente en Siria es, desde un punto de vista, una derrota a largo plazo, una situación de guerra prolongada, para la cual ninguna intervención externa podrá garantizar un freno en el corto plazo, habida cuenta de que las fuerzas que se oponen a Al Assad no son ni más democráticas, ni más pacíficas, ni tampoco (mucho ojo con esto) más fieles a los intereses de los EEUU.

Otros van más lejos (ver, por ejemplo, el ilustrativo blog Zerohedge) y opinan que lo que se ha detenido momentáneamente es una potencial tercera guerra mundial, si se toma en cuenta el tremendo efecto desestabilizador en la región de un ataque prácticamente unilateral a Siria, y tomando en cuenta que la situación económica en EEUU se parece mucho a la vivida luego de la crisis de 1929,  que se resolvió años más tarde, en parte, gracias a los efectos de las dos guerras mundiales del siglo XX.

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