Columnistas

Siria II

Las armas y pertrechos que estos días fluyen hacia Siria  tienen patrocinadores poco altruistas

La Razón / Pablo Rossell Arce

00:06 / 01 de septiembre de 2013

Las segundas partes nunca son buenas; ésta, peor que ninguna. Al momento de escribir esta columna, EEUU no había iniciado ningún ataque sobre Siria, lo cual no significa nada, realmente. El ataque puede llevarse a cabo en cualquier momento. Siria está en llamas desde hace años. Bashar al Asad, quien sucedió a su papá como jefe de Estado en 2000, no pudo contener las protestas en contra de su régimen, que se iniciaron en 2011 y que, al día de hoy, han escalado hasta el punto de una guerra civil en pleno desarrollo. Las protestas de 2011 fueron parte de la Primavera Árabe, aquella cadena de levantamientos en contra de regímenes reputados como poco democráticos en el Medio Oriente. Es curioso cómo los levantamientos democráticos árabes no han llegado todavía a tocar a Arabia Saudita, ni a Catar, ni a Dubai, ni a Kuwait. Coincidencia parece.

Medio Oriente es una región particularmente importante para un mundo petróleo-dependiente como el actual; así que es de ilusos esperar que los grandes poderes mundiales no pusieran sus ojos en la región, para tratar de “encaminar” el prometedor movimiento democrático árabe, en favor de sus intereses... Bueno, en realidad es más correcto hablar de El Gran Poder Mundial actual y sus obsecuentes secuaces. Las balas, las armas y pertrechos que fluyen hacia Siria en estos días tienen patrocinadores poco altruistas.

Así que ahora, EEUU y sus espiados/aliados europeos han decidido que el régimen de Al Asad ha usado armas químicas en contra de sus oponentes. Y dicen que es motivo suficiente para intervenir militarmente, para arreglar la situación. Sí, claro. Igual que arreglaron la situación de Afganistán en 2001, la de Irak en 2003 y la de Libia en 2011. Eso, siempre y cuando, definamos “arreglar la situación” por cambiar el régimen. Y por cambio de régimen entendemos defenestrar al dictador de turno y cambiarlo por cualquier tipo de “gobierno” (así, entre comillas) que se queda al mando de lo que queda de un país en el que las cifras de muertos civiles se cuentan por decenas de miles al año... cuando ya la intervención militar ha finalizado (tipo Afganistán, tipo Irak).

El costo humano de estas soluciones a punta de misil es inconcebiblemente enorme para la población civil. ¿Dónde está el beneficio, entonces? Para empezar, ya subió el precio del crudo (WTI), que a la fecha de escribir esta columna se sitúa en $us 108.8, tras una pequeña caída luego de que el Parlamento inglés decidiera negar el respaldo a la invasión de Siria. Una ganancia más que interesante, dado que entre diciembre de 2012 y enero de 2013 el barril no había alcanzado los $us 100. El precio del oro, hoy por encima de los $us 1.400 la onza troy, se recupera luego de haber caído a $us 1,394. Paralelamente, los mercados de armas y de mercenarios (piadosamente llamados “contratistas”) también experimentarán un auge.

Siria, por su lado, ha anunciado que se defenderá por todos los medios posibles. ¿Podría esto significar el patrocinio de acciones terroristas en territorio norteamericano? Tal vez. Si así fuera el caso, nuevamente el costo humano crecería. El beneficio va (pensamos instintivamente) en favor de quienes desean mantener lejos del debate sobre las libertades civiles a una sociedad asustada, que presumiblemente privilegiaría la seguridad por encima de, por dar un ejemplo, la privacidad en sus comunicaciones personales. Viene al dedillo luego de conocer las andanzas de la NSA. El juego de intereses sobre Siria involucra a Irán y a Rusia, sus dos grandes aliados. Egipto también está en contra, pese a los $us 1.300 millones que su Ejército recibe de EEUU todos los años. Siria, hoy en día, no sólo se trata de Siria.

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