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Siria

La visita del Canciller ruso a Siria precisamente le dio carta blanca para declarar una guerra interna

La Razón / Jorge Zapp

00:11 / 11 de febrero de 2012

La situación actual de Siria es una ‘papa caliente’ para el mundo, y estimo que lo seguirá siendo por bastante tiempo. Un dictador familiar, en la práctica un príncipe del nacionalismo-socialismo-islámico que hasta hace poco había gobernado con seguridad y tranquilidad como el Sha de Persia, en un país sin ninguna oposición, enfrenta ahora el despertar de la ‘Primavera árabe’ sin saber cómo manejar la situación. Para un rey absoluto (a diferencia de un presidente democrático) los opositores a la monarquía son simplemente traidores a la patria. Así lo hubiera pensado Luis XIV y así lo manejó Fernando VII cuando gestamos nuestra independencia. El mundo ha cambiado en estos 200 años; la gente se comunica a través de las redes sociales y el concepto de ‘libertad’ adquiere significados diferentes, especialmente entre la juventud.

Siria no es una republiqueta pintada en la pared, es un país milenario que entra y sale de los libros del Antiguo y el Nuevo Testamento. Es un país políticamente Islámico, activo bélicamente, vigente en el conflicto pos ‘Guerra Fría’ y con una presencia central del movimiento Hamas que actúa en el Líbano, y especialmente en Palestina (controla la Franja de Gaza). Acoge la única base militar rusa en el Mediterráneo, en medio de Turquía (OTAN) e Israel.

Alebrestados ante los fenómenos políticos de Túnez, Yemen, Egipto y Libia, con algunos de los cuales conformó la Republica Árabe Unida que atacó un par de veces a Israel, la población reprimida políticamente se lanzó a las calles a protestar contra una monarquía moderna, como la de Corea del Norte, o las que se estaban instando en Libia y en Egipto con los hijos de sus presidentes elegidos con el 99% de los votos amedrentados.

La muerte de cerca de 5.000 civiles, ‘subversivos’ por salir a protestar a las calles, y el nacimiento de guerrillas que seguramente serán apoyadas por Turquía y por algunos países de la Liga Árabe desencadenó una tormenta ética en Occidente, equivalente a la que dio lugar a la Segunda Guerra Mundial. El problema: las naciones occidentales, guardianas de los derechos humanos, siempre y cuando aseguren su influencia económica, no pueden actuar solas y Rusia y China se oponen en el Consejo de Seguridad de la ONU a cualquier intervención multilateral como la de Libia. Al fin y al cabo, Gadafi era feo y estaba solo sobre un tesoro; en cambio Hassad es apuesto, pobre y muy bien acompañado. El pueblo ruso ama los gobernantes fuertes; Rusia es su aliada militar y Putin apenas es la expresión de ese sentimiento. La visita del Canciller ruso a Siria precisamente le dio carta blanca para declarar una guerra interna. Por muchísimo menos en la democracia boliviana cayó Goni o Evo ha tenido que agachar la cabeza. Estimo que Siria va hacia una guerra civil sin futuro previsible.

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