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Socialismos

La realidad ha demostrado las dificultades de un credo aparentemente ideal para la humanidad.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Zapp

04:04 / 23 de febrero de 2013

Mi bisabuelo, profesor de la Universidad de Heidelberg, fue uno de los primeros socialistas, por cierto, muy cercano a Marx y a Engels, con innovadoras publicaciones en los diarios de la clase trabajadora germana. Luego de la Revolución de 1848, que sacudió las monarquías europeas, tuvo que huir a Suiza para salvarse de una condena a muerte en toda Europa (la primera Unión Europea). El ideario socialista, en especial por la base antropológica de Engels, es profundamente atractivo para un intelectual, así como la presentación impecable de Marx lo es para un trabajador y muy especialmente para un político, que quiera vender una campaña muy popular que satisfaga su ansia de igualdad. La realidad ha demostrado las dificultades de un credo aparentemente ideal para la humanidad.

En la Europa protestante, regida por normas morales en extremo, ha permitido el surgimiento de sociedades igualitarias y exitosas como las escandinavas, con los mejores índices del desarrollo del planeta; un senador (realmente un honor) gana y apenas vive un poco mejor que su vecino que barre las calles. En sociedades menos organizadas ha sido el germen de gobiernos hegemónicos y monárquicos como el de Corea del Norte (tres reyes), que sólo aspira a amenazar al mundo, para esconder el hambre generalizada que alimenta un ejército medieval con armas atómicas. El caudillismo difícilmente puede ser reemplazado y termina como en Cuba, en una administración de índole familiar bastante napoleónica. La nación más grande del mundo (la URSS) tuvo que rendirse ante la realidad de que el manejo político centralizado de la producción era un fracaso, incapaz de proveer el bienestar esperado.

China lo ha hecho exactamente al revés. Ha aprovechado la fortaleza invulnerable de su Gobierno comunista para abrir su cultura y su mercado laboral a la inversión extranjera. El resultado es simplemente extraordinario; ha esclavizado comercialmente al mundo entero y muy especialmente a EEUU con sus propios productos y aún su propia deuda. Al Gobierno no le importan los supermillonarios de Shanghai, miles de veces más ricos que los funcionarios españoles de SABSA, ahora que más de la mitad de toda la superación de la pobreza mundial está ocurriendo en China.

Las recientes “nacionalizaciones” mediáticas en el país, con tropas y cámaras, como todas las que se realizan dentro del socialismo del siglo XXI, van totalmente a contrapelo de lo que observamos en el mundo actual. Si el objetivo es la calidad de vida y la ampliación de las oportunidades... ¿mejorará realmente el servicio de los aeropuertos, el gas con mercado obligado, las comunicaciones, los acueductos, el suministro de energía o la producción y el ingreso generado en las minas? ¿Seremos más prósperos? ¿Tendremos más oportunidades? China está presta a comprar a Bolivia.

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