Columnistas

Soledad

Es una responsabilidad que ha querido para sí y que como comandante en jefe siente que no puede ni quiere delegar.

La Razón (Edición Impresa) / José Ignacio Torreblanca

00:00 / 10 de julio de 2016

Obama cena en casa cinco de cada siete días. Su gabinete tiene órdenes estrictas: no más de dos cenas oficiales a la semana. Claro que vivir donde trabajas facilita mucho conciliar: sales del despacho, cambias de ala de la Casa Blanca y cenas con tu mujer y tus hijas en lo que sin duda es el momento de mayor relajación del día.

Frente a otros presidentes, Obama ha cultivado la imagen de ser un hombre de familia (a family man, como dicen allí), que en absoluto se escuda en su carrera política para huir de la cotidianidad. “Ser candidato a la presidencia de Estados Unidos no te exime de la bronca por no sacar la basura”, escribió una vez en tono jocoso.

Para un hijo de padre ausente y de una madre antropóloga que viajó por todo el mundo, los anclajes familiares son muy importantes. Obama ha contado la fascinación que sintió cuando descubrió las cenas familiares en casa de Michelle. Allí había una familia americana de verdad, con un padre muy trabajador, una madre ama de casa dedicada a sus hijas y una iglesia a unas pocas manzanas en la que reunirse los domingos. Todo aquello de lo que él justo careció en su infancia.

Pero ese Obama familiar es también el presidente de Estados Unidos, un hombre con una responsabilidad tan especial y delicada que su jornada continúa después de cenar. Entonces, Obama vuelve al despacho y ya en la tranquilidad de las últimas horas del día examina las listas de terroristas que han preparado los equipos de la CIA y el Pentágono, y aprueba uno a uno y personalmente su designación como objetivo para los ataques con drones.

Es una responsabilidad que ha querido para sí y que como comandante en jefe siente que no puede ni quiere delegar. Hablamos, según cifras que Estados Unidos ha dado a conocer, de un total de 473 operaciones que han causado la muerte de unos 2.500 combatientes enemigos y de entre 64 y 114 civiles. ¿Qué respondes a tus hijas cuando les das un beso antes de acostarte y te preguntan: “¿Qué tal tu día?”. Supongo que se respira hondo y se dice “bien, vida” mientras les das un beso de buenas noches. Qué inmensa soledad.

Es columnista y director de Opinión de El País.

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