Columnistas

Sólo preguntémonos

¿No sería mejor pensar en una ciudad que ofrezca una mejor calidad de vida y oportunidades laborales?

La Razón / Patricia Vargas

01:02 / 03 de octubre de 2013

En las últimas semanas, el país ha sido testigo de todo tipo de reclamos, malestar y, en algunos casos, defensa del resultado del último censo, por demás criticado. La ciudad de La Paz es esencialmente hija del siglo XX, testigo de los grandes cambios sociales y económicos del país. Un territorio político que, a fin de cuentas, atrajo una importante migración poblacional que (en distintos momentos) fue bien acogida. También por la atracción que produjo e irradió su desarrollo. 

Si bien hoy parece evidente que ese crecimiento poblacional ha disminuido, algo que debiera preocupar sobremanera es la palabra “decrecer”, que últimamente es repetida con frecuencia. Una expresión que para una ciudad significa que si se la abandona, es porque ya no cubre las expectativas de vida y trabajo de un buen número de sus habitantes. O, en su caso, la utopía de vida de éstos se ha esfumado. Un motivo suficiente para que esa urbe sea repensada, ya que todo silencio absoluto trae “efectos” evidentes a futuro.

Actualmente, en el orbe existen distintas visiones de ciudad. Hay quienes se esfuerzan y buscan convertirlas rápidamente en grandes metrópolis, como si se tratara de un solo experimento colectivo, y controlan celosamente su crecimiento poblacional. Y si la economía las apoya, crecen sustancialmente en lo urbano, extendiendo su territorio. El erigir la imagen de progreso a cualquier precio es su segundo paso, para el cual los edificios de grandes dimensiones y alturas son los más anhelados en su construcción. Una realidad que parece mostrar que el vivir de la ciudadanía en un mundo inventado es su presente.

Otras urbes, en cambio, no siempre están interesadas en un crecimiento urbano desmedido. Si ello existe, está condicionado al respeto que debe guardar toda propuesta de cambio a la historia de la ciudad. Su esplendor radica en la madurez de la vida urbana de la población y en la satisfacción del buen vivir que aquélla les ofrece. Así, esa población de cultura moderna no está convencida de la hiperdensidad y menos del congestionamiento. Lo singular es que algunas son capitales de sus países, por tanto, su desarrollo es respetable. Nos referimos a ciertas ciudades del Asia y otras de Europa. Las primeras pasan de los millones de habitantes, y las últimas llegan al millón o algo más.

Por todo ello, para el caso de La Paz, sólo preguntémonos: ¿no sería mejor pensar (hoy y por el momento) en una ciudad más equipada, mejor educada y modernizada, donde sus habitantes cuenten con más oportunidades de trabajo, infraestructura básica para todos, áreas de esparcimiento en cada barrio; terminar de construir por ejemplo sus laderas; educación escolar pública reforzada con sistemas tecnológicos; un franco apoyo a la nutrición de esos niños, entre otros? Y no así contar con millones de habitantes hacinados, cuyos intersticios habitacionales escabullen grandes problemas de pobreza. Tampoco se les ofrece los lazos efímeros de las socialidades básicas que todo ser humano requiere.

Sin duda, esta es la ocasión en que las reflexiones debieran estar centradas no sólo en cuántos somos, sino cuánto crecemos y cuán elevada es la calidad de vida en La Paz; y, lo más importante, cómo ampliar las formas de trabajo y la productividad. Siempre se debe recordar que no existe “el tiempo único” para las ciudades.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia